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12 de diciembre de 2018
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Por Adrián Taccone
Un Superclásico tan manoseado que pierde brillo
El torneo más importante del continente, la Copa Libertadores, se terminará definiendo -luego de tanta polémica- en España. Casi como un guiño del destino. Para eso pasó por tantas manos que lo han dejado tan ajado como difícil de recuperar
30 de noviembre de 2018
Todo pasó en un lapsus de días, que parecen tan interminables como escasos.

La Copa Libertadores, el torneo más importante del continente, el que todos los equipos de Sudamérica quieren ganar. Del que cualquier jugador quiere levantar el trofeo y sentirse imbatible, vivirá por primera vez en sus 58 años de historia una final fuera del continente. Todo por nada o mejor dicho, todo por todo.

Es que acá no hay un solo responsable. Son muchos y cada uno tuvo su cuota parte para desembocar en una decisión que incluso termina siendo injusta para todos. Menos para aquellos para los cuales el vil metal está por encima de cualquier contienda deportiva.

Salió perjudicado Boca con esta decisión? Sí.
Salió perjudicado River con esta decisión? También.
Salió perjudicada la Conmebol con esta decisión? sin dudas.

Boca porque con sus argumentos trató de defender una portura en la que sus jugadores fueron sin dudas víctimas de una agresión desde todo punto de vista irracional e injustificada. Pero ahora deberá, aún así, tener que jugar el partido que no quería jugar, porque un reglamento -con jurisprudencia incluída- lo avalaba.

River porque, más allá del accionar de unos energúmenos, perdió la localía, no podrá tener la misma ventaja que Boca en su cancha con su público. Recibió una dura sanción económica y además no podrá jugar dos partidos de la siguiente Copa Libertadores con público local.

La imagen de la Conmebol quedó totalmente dañada, por sus propias impericias, por sus propias falencias a la hora de tener que definir un torneo que durante toda la edición 2018 vivió en la cornisa del papelón y la locura, y muchas veces dio un paso adelante.

Hasta el Gobierno argentino, y las fuerzas de seguridad quedaron expuestas y en el medio de la polémica que generaron los incidentes, las agresiones y esa sensación que si algo está mal organizado, sin dudas, saldrá mal.

Los perjudicados sin dudas son los hinchas. De uno y otro equipo que tenían la posibilidad de vivir en Buenos Aires un partido histórico, sin precedentes y con todo el folclore que eso implica. Sin embargo deberán verlo por televisión, desde miles de kilómetros, aunque más allá de todo seguramente unos y otros -el que gane- terminará festejando en el Obelisco, como si fuera una paradoja del destino.