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Por Manuel Solanet
Construir el futuro después del kirchnerato
12 de agosto de 2008
La compra por Chávez de bonos del gobierno argentino con un interés del 15,6% fue un dato contundente. Mostró que el gobierno argentino carece de fuentes de crédito en condiciones razonables. Esta evidencia se correlaciona con el derrumbe de la cotización de los bonos argentinos y el aumento del riesgo-país.

La situación fiscal se ha deteriorado, aunque el gobierno intente disimularla y a la vez capearla apelando a retrasar pagos a los proveedores, a provincias y a receptores de subsidios. Por otro lado la economía se está enfriando y los vientos favorables del mundo exterior, que tanto nos ayudaron en los últimos cinco años, están amainando o cambiando de rumbo.

La reactivación económica y el manejo discrecional de la caja ahora están dejando de jugar a favor del gobierno, en momentos en que su credibilidad y popularidad se erosionan. Está claro que se han resquebrajado los cinco pilares del poder kirchnerista: se acabó la reactivación económica; no hay caja; se perdieron las mayorías parlamentarias; la prensa ahora es crítica; y las encuestas no les dan bien.

El deterioro económico y político era previsible, y así lo hemos señalado desde tiempo atrás en esta Carta Semanal. El conflicto con el campo posiblemente aceleró los tiempos, pero los resultados de un modelo político autoritario, de confrontación y división, y los de un modelo económico de dólar alto, desborde fiscal y control de precios, deben encontrar un final, tarde o temprano. Lo importante será la magnitud del daño y cómo se construirá el futuro después del kirchnerato.

Lo primero que queremos afirmar es que si se hacen las cosas bien la Argentina tiene un horizonte promisorio. El marco externo será favorable. La caída del precio internacional de nuestras exportaciones agrícolas en los últimos 45 días sólo debe considerarse como la búsqueda de un escalón menor, pero todavía elevado y sostenible. Las tendencias de fondo en los mercados agrícolas y alimenticios son estructuralmente sólidas.

En el largo plazo todo aquel país que exporte alimentos y energía tendrá una notable ventaja. Dos tercios de la población mundial tienen dietas insuficientes e ingresos crecientes. Las tierras agrícolas son limitadas y las restricciones medioambientales ponen límite a las innovaciones genéticas o al uso de agroquímicos. La Argentina ya superó esa etapa y ha sido un ejemplo de incorporación de tecnología y de expansión de la frontera agrícola.

Se ha convertido en uno de los líderes en la provisión de alimentos al mundo y puede ir por más. Sólo hay que liberar al campo de regulaciones inútiles, reconocerle los precios internacionales y no someterlo a un abuso impositivo. Estas reglas son tan importantes para la agricultura como para la ganadería, la lechería, la fruticultura o la forestación. Las intervenciones del kirchnerismo, que ilusoria o demagógicamente han pretendido una supuesta redistribución del ingreso o abaratar la mesa familiar, no han hecho más que producir finalmente los efectos opuestos.

La Argentina se convirtió en los noventa en un país exportador de energía. Hubo considerables inversiones en petróleo y gas así como en la generación de electricidad al amparo de las privatizaciones, tarifas y marcos regulatorios estables, y de estructuras impositivas moderadas. Esto se perdió.

A partir del 2002 y con más intensidad durante el kirchnerato, se destruyó la economía de estos sectores con congelamientos de precios, retenciones, regalías excesivas, desvinculación con los precios internacionales y la creación de Enarsa como un símbolo de vocación estatizante.

A partir de 2009 seremos importadores netos de energía, lo que significa que si no se alinean los precios internos con los internacionales, serán necesarios aún más subsidios. Así como con la energía, con la industria en general también puede señalarse la insuficiencia de inversiones en estos años, desalentadas por los controles e intrusiones del gobierno, pero existe una buena base tecnológica y educativa.

¿Qué hace falta? Además de poner a funcionar nuevamente el sistema de precios, se debe dar plena seguridad jurídica, respetar el derecho de propiedad y restablecer las relaciones financieras con el resto del mundo. Debe asegurarse la solvencia fiscal trabajando estructuralmente sobre el gasto. Debe crearse un clima de reconciliación y paz para que todos los argentinos miremos para adelante y rememos en el mismo sentido.

En definitiva debemos hacer lo que hacen gran parte de los países serios y exitosos, en forma consistente, clara y contundente. En tales condiciones no hay duda que las inversiones vendrán y que recuperaremos la posición de fortaleza energética, agrícola y también minera, industrial y turística. Los objetivos sociales deben ser alcanzados mediante subsidios directos a las personas, familias o regiones, sin perjudicar las decisiones de los inversores y productores con intervenciones discrecionales bajo el argumento de una redistribución demagógica pero no real.

El kirchnerato es irrecuperable y en la historia sólo será un mal recuerdo. Es hora que el peronismo tradicional asuma en serio sus responsabilidades y deje de manejarse con simplificaciones voluntaristas como el “modelo productivo”, ni con rituales anticuados, ni populismos innecesarios o prácticas corruptas.

Además es su responsabilidad superar este montonerismo resentido y revanchista para encontrar la reconciliación e insertarnos en el mundo moderno mirando hacia adelante.

También es tiempo que las demás fuerzas políticas observen y aprendan cómo funcionan en los países exitosos las versiones modernas del centro derecha o del centro izquierda.

Que no sometan su discurso a los límites de lo políticamente correcto según las versiones del progresismo vernáculo y que ofrezcan alternativas valiosas a una ciudadanía que quiere comprometerse en la construcción del futuro. Debe retomarse el camino que marca la Constitución.

De ese modo la Argentina tendrá nuevas oportunidades en un mundo que necesita y espera su regreso.