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Gran Bretaña, el socio del silencio del 25 de mayo
Los revolucionarios soñaron un libre comercio con Gran Bretaña. Hubo apoyo inglés a la libertad de los patriotas. La fuga de Beresford, la muerte de Moreno
25 de mayo de 2008
Por Roberto Aguirre Blanco

A tres años del segundo intento de conquista del Reino Unido al virreinato del Río de La Plata, Gran Bretaña había aprendido la lección: para lograr sus objetivos por estas tierras, el comercio era mejor arma que los cañones.

Los enamorados de las ideas iluminadas de la Francia revolucionaria, como Mariano Moreno, Juan José Castelli y Manuel Belgrano, tenían claro que había que concluir con el manejo de los monopolistas españoles de estas tierras.

Ellos disponían del comercio con celo y limitaban a los exportadores --productores agricolas-- la mayoría de ellos hacendados criollos, a un segundo plano.

Los revolucionarios de Mayo sabían que estos españoles no tendrían vergüenza en entregarse a los franceses, ahora dominadores de España tras la caída de Fernando VII, en pos de retener sus negocios, y desde 1808 intentaron, con poca suerte, abrir el juego para el comercio con los ingleses.

Estos revolucionarios deseaban liberarse del manejo comercial español, que según entendían iba en contra de las ideas libertarias de la Francia de 1789, mientras en Inglaterra se interpretaba a la perfección.

El Reino Unido dio un fuerte apoyo a los criollos de 1810, desde su embajada en Río de Janeiro, hasta con barcos apostados en Montevideo, mientras un tiempo antes de la revoluciónm Saturnino Rodríguez Peña fue uno de loa animadores de la fuga preparada del general William Beresford, el líder de la Invasión Inglesa de 1806.

Este hombre recibió del gobierno inglés una pensión de por vida por esta “ayuda”, que también se valorizó con la llegada el 20 de mayo de varias naves inglesas al puerto porteño listas para ayudar, y que el 26 saludaron al nuevo pueblo libre con salva de cañones.

Inglaterra necesitaba de este puerto para colocar sus excedentes industriales y fue el secretario de la Junta, Mariano Moreno, uno de sus máximos defensores.

Sin embargo, cuando el jacobino desplegó su plan de terror para asesinar a todo aquel que se opusiera a las ideas revolucionarias, recibió una nota de “preocupación” de los ingleses, especialmente por el fusilamiento de Santiago de Liniers.

Cuando Moreno debió dejar Buenos Aires porque se apagaba su suerte política en 1811, embarcó a Londres en un barco de bandera británica, donde enfermó en pleno viaje y recibió una medicina equivocada de parte del capitán inglés.

Gran Bretaña siguió con los buenos negocios en estas tierras, que se expandieron con el primer endeudamiento de la nación, con la complicidad del primer presidente, Bernardino Rivadavia.