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Dime qué le das de comer a tu hijo y te diré dónde está el error
Ante las tentaciones de comida barata y rápida, los padres cometen equivocaciones burdas. Manual para saber qué no hay que hacer a la hora de alimentar a los más chicos
18 de septiembre de 2008
Harriet Worobey, nutricionista infantil, sabe muy bien que los chicos pueden ser muy exigentes a la hora de comer, pero hasta ella se sorprendió cuando vio el año pasado a un chiquito de jardín que comía nada más que alimentos con chocolate. "Leche chocolatada, muffins de chocolate, panqueques de chocolate", explica Worobey, directora del Preescolar de Ciencias Nutricionales de la Universidad Rutgers de New Brunswick, Nueva Jersey. "Su madre pensó que si él quería eso, eso le iba a dar".

Si bien la mayoría de los padres no recurren a esta dieta del chocolate, sí tienen algo que ver con esta historia en cuanto al desafío diario de encontrar comidas que los chicos coman. El hecho de ser quisquillosos con respecto de la comida es parte normal del desarrollo de los chicos. A la mayoría de los padres los atemoriza la decisión de sus hijos de no comer nada. "Creo que los padres piensan que su trabajo es lograr que sus hijos coman algo. Pero en realidad su trabajo consiste en servirles una variedad de alimentos sanos".

Los que siguen son seis errores comunes que cometen los padres al alimentar a sus hijos.

Sacar a los chicos de la cocina. Con hornallas calientes, agua hirviendo cerca y afilados cuchillos a mano, es comprensible que los padres no quieran que los chicos estén en la cocina cuando ellos cocinan. Sin embargo, los estudios realizados sugieren que hacerlos participar en la preparación de la comida es un importante primer paso para lograr que prueben platos nuevos. Investigadores de la Universidad de Columbia analizaron la forma cómo cocinar con un chico afecta sus hábitos alimentarios. Descubrieron que los que habían cocinado sus alimentos eran más proclives a comerlos que los que no lo habían hecho.

Presionarlos para que prueben un poco de todo. Exigir que un chico coma al menos un bocado de cada cosa parece razonable, pero puede ser un arma contraproducente a la larga. Los estudios muestran que los chicos reaccionan de forma negativa cuando los padres los presionan para comer algo, aún si la presión supone una recompensa posterior. En un estudio en la Universidad del Estado de Pensilvania, los investigadores pidieron a los chicos que comieran verduras y tomaran leche. Si lo hacían, les ofrecían a cambio stickers y tiempo para mirar TV. Tiempo después se vio que mostraban desagrado por esos alimentos por los que habían sido recompensados si los comían.

Mantener las cosas ricas fuera de su alcance. Los padres temen normalmente que los chicos coman demasiado si tienen a su alcance cosas muy ricas y por ello las ponen por lo general fuera de su vista o en algún estante alto. Sin embargo, una gran cantidad de investigaciones muestran que si un padre restringe un alimento, el chico lo querrá más todavía. El consejo para los padres es entonces no llevar al hogar alimentos que tendrán que restringir.

Hacer dieta delante de los chicos. Los chicos tienden a imitar las preferencias de comida de sus padres y se muestran mucho más proclives a probar alimentos si ven que su padre o madre los están consumiendo. Un estudio de la Universidad de Rutgers sobre preferencias de alimentos de los padres y sus hijos descubrió que los preescolares tienden a preferir y rechazar las mismas frutas y verduras que les gustaban o no a sus padres.

Servir verduras aburridas. Aquellos padres que suelen contar las calorías de todos los alimentos sirven por lo general en su casa verduras hervidas sin ningún otro agregado. No es de extrañar que los chicos se muestren reacios a comerlas. Los nutricionistas sostienen que los padres no debieran tener miedo de "adornar" a las verduras.

Abandonar la lucha demasiado pronto. Las preferencias que tienen los chicos en materia de alimentos cambian por lo general. Es por ello que los padres deben seguir preparando alimentos sanos para sus hijos y seguir poniéndolos en la mesa, aún si se niegan a probarlos. Para que un alimento sea aceptado se necesitan diez o más intentos y hasta varios meses.