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Antes o sobre la hora: el eterno dilema de la altura
Durante cinco décadas las selecciones argentinas probaron todas las teorías. Se ganó y se perdió. El secreto es saber cuidar el físico y siempre salir a ganar
31 de marzo de 2009
Por Roberto Aguirre Blanco

Mesas redondas, médicos consultados en cada oportunidad, decenas de opiniones que nunca llegan a una decisión definitiva. La altura de La Paz, 3650 metros, es el gran dilema de las bibliotecas futboleras y en ese campo en 50 años, la selección argentina, supo de teorías exitosas y otras de sonoros fracasos.

Esta claro, para quien tuvo la oportunidad de estar en la capital boliviana que la falta de aire se siente y uno debe administrar las energías para que una caminata en las calles en subida de La Paz no deje los pulmones de los visitantes a la miseria.

Sin embargo, esta precaución es menor en un deportista de alta competencia como los futbolistas que si bien sienten el esfuerzo más que en el llano, están preparados para afrontar estas circunstancias.

La clave pasa por el juego y la actitud y lo exhibe la propia historia –no hay mejor biblioteca que esa—que demostró que equipos que viajaron a esta ciudad con la actitud de pelear los partidos y no se dejó ganar por la “previsión excesiva” salieron victoriosos.

En el fútbol la altura no gana ni pierde partidos, es la cabeza y la actitud la que saca esas diferencias.

Las primeras visitas del seleccionado nacional a La Paz en partidos por eliminatorias sudamericanas fueron con una derrota en 1957 (2-0) con un plantel que llegó a esa ciudad cinco días del partido con en el “fin de aclimatarse”.

En tanto, en 1965, el equipo uso la misma teoría, llegar una semana antes y ganó 2 a 1 con dos tantos de Luis Artime, pero eso fue porque el conjunto “albiceleste” era superior futbolísticamente a su rival, en época en la cual Bolivia festejaba empatarle a Argentina.

Ocho años después, el miedo se apoderó de muchos, en las eliminatorias de 1973, con el antecedente de la eliminación de 1969 que incluyó una derrota ante Bolivia 3 a 1 en La Paz, el cuerpo técnico del seleccionado de entonces, conducido por Enrique Sívori planeó una estrategia “revolucionaria”.

A la par del equipo principal con las mejores figuras que jugó esa clasificación, armó un plantel B con otros jugadores y lo instaló en la altura de Jujuy, un mes antes.

Fue le equipo bautizado “Fantasma” y que era el responsable de solo jugar el partido con Bolivia en la capital de ese país.

Llegado el día, tras una exhaustiva preparación el entrenador cambió de opinión y mixturó jugadores "fantasmas" y la mitad del equipo que era titular en los partidos previos, cambiando el plan original.

Se ganó 1 a 0 con gol del delantero Ramón Fornari, pero fue porque el equipo salió a jugar decidido a ganar y así logró el objetivo. No hubo secretos.

No volvieron a jugar oficialmente argentinos y bolivianos hasta 1997 cuando Daniel Passarella quiso imitar a Sívori y armó un plantel alternativo a la selección habitual y se instaló en Salta, con 20 días de anticipación.

El miedo pudo más y ese equipo perdió 2 a 1 en un partido para la vergüenza nacional por los hechos que se produjeron luego con la agresión "inventada" a Julio Cruz, que terminó con su rostro cortado por un asistente del cuerpo técnico.

La otra carta de la moneda fue el seleccionado de Marcelo Bielsa quien en 2001 viajó el mismo día del partido y a tres minutos del final perdía 3 a 1, y con mucha actitud y resto físico construyó en empate épico sobre la hora.

En otro viaje sobre el filo, el equipo de José Pekerman, en 2005, fue, llegó, jugó y ganó con una táctica tan simple como efectiva: salir a dominar el partido.

De los actuales integrantes del plantel solo dos tiene la experiencia de haber jugado sobre los más de 3600 metros de La Paz con la casaca nacional: Juan Sebastián Verón (1997 y 2001) y Maxi Rodríguez (2005).

En tanto, Diego Maradona, hace exactamente un año, llegó a al capital de Bolivia a jugar un partido de fútbol simbólico con estrellas de ese país y el presidente Evo Morales en protesta por las decisión de la FIFA de impedir que se juegue cotejos de eliminatorias en la altura.

“Acá se puede jugar sin problemas”, dijo en ese momento el “Diez” quien así defendió esta supuesta ventaja deportiva del país del altiplano.

El aire falta, es cierto, las piernas pesan, también es cierto, pero una buena táctica futbolística, la idea de saber administrar las fuerzas y no pensar que el rival es la altura, es una buena estrategia, porque sino, después la “pelota no dobla”.