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Otra vez la sociedad pagará los platos rotos
21 de septiembre de 2008
Otra vez, como ocurre desde que el mundo es mundo, los platos rotos de la voracidad de la especulación financiera los terminarán pagando trabajadores y contribuyentes, en una historia repetida al amparo de la ausencia de capacidad de los Estados para
controlar el deseo irrefrenable de enriquecerse rápido y lo más fácil posible.

Harán falta al menos 700.000 millones de dólares para rescatar un sistema financiero voraz conducido por criaturas irracionales que tienen en sus manos demasiado poder, muchas veces superior al de los propios gobiernos que deberían controlarlas.

La descomunal crisis desatada por Wall Street y trasladada al resto del mundo, es un reflejo de cómo el sistema capitalista aún no encontró la forma de poner límites para evitar que la ambición desmedida, otros prefieren calificarlo de imbecilidad,
termine destruyendo los sueños de millones.

Este último descalabro financiero, que evaporó miles de millones de dólares en pocos días, destruyó decenas de miles de puestos de trabajo y provocó uno de los cimbronazos más parecidos al ‘crack’ de 1929 de los que se tenga memoria, dejará heridas en
el sistema financiero internacional, y golpeará también a la Argentina.

El valor de las principales acciones en la Bolsa porteña se desplomó en la friolera de 25.000 millones de pesos en lo que va del 2008, y eso sin contar a holdings internacionales como Petrobras o Tenaris, afectados por los vaivenes del precio del
petróleo.

El encarecimiento del crédito tendrá su impacto sobre el sector de la construcción y ya provoca dolores de cabeza entre los industriales, que se empiezan a quedar sin financiamiento.

Le asiste razón a la presidenta Cristina Kirchner cuando carga con dureza contra los organismos multilaterales y ´gurúes´ varios que alertaban sobre la situación argentina pero nada advertían sobre lo que ocurría en países como Estados Unidos, abusando del
error de ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio.

Pero ese acierto en la lectura no debería ocultar que el país debe prepararse para soportar coletazos de una crisis internacional que, lejos de terminar, recién está empezando.

El problema del mundo a futuro se llama alimentos y energía, y ahí tampoco se equivoca la mandataria, que asegura conocer el tema en profundidad.

En lo que falla el gobierno es en su falta de iniciativa para alentar a los productores de alimentos, para que multipliquen su producción en lugar de achicarla.

Para colmo, una insólita interna desatada entre el secretario de Agricultura, Carlos Cheppi, y el jefe de la ONCCA, Ricardo Echegaray, amaga con complicar aún más la actividad agrícola.

Es momento de darle al campo todo el marco adecuado para que pueda explotar su potencial a fondo, multiplicar la siembra de granos, transformar a la ganadería en una actividad pujante y convertir el país en un productor líder de leche en polvo.

También de encarar una pelea a fondo contra la inflación, y de impulsar un sinceramiento de distintas variables clave, como las tarifas, que están subvaluadas.

En ese sentido apuntan los aumentos anunciados para electricidad y gas, pero son numerosos los servicios que siguen con sus precios retrasados y obligan al Estado, es decir a toda la sociedad, a hacer un esfuerzo monumental para pagar multimillonarios subsidios, que encima carecen de transparencia.

El costo del boleto de colectivo es un ejemplo, pero también el de otros medios de transporte.

Wall Street no aprende más

Acostumbrado a acumular las ganancias y socializar las pérdidas, el alocado y envilecido mundo de Wall Street demostró no haber aprendido nada en 80 años de montaña rusa especulativa tras el ´crack´ del 29.

Su principal argumento de defensa es que los sofisticados instrumentos creados en la última década, como la securitización de las hipotecas que fueron el principio de este descalabro, sirvieron para empujar un crecimiento inédito de las economías.

La pregunta es si el costo no fue demasiado alto, con su tendal de nuevos pobres y proyectos arrasados en segundos.

Quedó claro con esta crisis momumental en Estados Unidos que la "exuberancia irracional de los mercados" no acabó con la crisis de las ´punto com´ de principios de siglo.

Sigue habiendo burbujas que pinchar en el mercado globalizado, donde primó la desmesura durante años.

Como ocurrió aquí con el descalabro que terminó en el corralito, los operadores financieros, pero sobre todo los ahorristas, la gente común, deben entender que cuando la limosna es grande, hasta el Santo desconfía.

Es momento de ser más precavidos que nunca, en especial con los ahorros, y evitar las inversiones dudosas que prometen ganancias rimbombantes.

Los crecimientos artificiales terminan en desastres como el ocurrido en Estados Unidos, que afectarán por largo tiempo el crecimiento global, y durante el cual la Argentina deberá acostumbrarse, más que nunca, a ´vivir con lo nuestro´.