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Cómo disimular la crisis en la campaña
25 de mayo de 2009
Al Gobierno nacional le terminó cayendo como anillo al dedo el adelantamiento de las elecciones al 28 de junio.

Se lo dejó servido Mauricio Macri al tomar primero esa decisión, porque es incierto el panorama económico que se abrirá en el segundo semestre del año.

Esto le permitirá a los Kirchner -a esta altura es obvio que a la Argentina la gobierna un matrimonio- aplicar toda la medicina amarga que requiera el modelo en curso (devaluación y ajuste fiscal incluidos si hace falta), ya con los comicios jugados y la puja política en estado de menor efervescencia.

Pero, los problemas del oficialismo no terminan ahí, porque aún faltan dos meses para las elecciones y debe mostrar la mayor solidez posible en materia económica y diferenciarse cuanto pueda de la debacle financiera mundial, que sólo en España elevó a 4 millones el número de desocupados.

En la Argentina, con las estadísticas disfrazadas por un INDEC a la deriva, poco se sabe sobre lo que está ocurriendo con el empleo y sobre casi cualquier cosa, porque la mayoría de la gente que queda en la calle estaba en negro, y ni a empresarios -ni
insólitamente a sindicalistas de la CGT que cierran acuerdos con la Casa Rosada- les conviene que trascienda mucho esa información.

La nutrida marcha de la CTA de esta semana, en la cual se denunciaron más de 50 mil despidos, y datos que surgen a cuentagotas desde el sector automotriz o el siderúrgico, confirman que el sector privado empezó a expulsar mano de obra.

El estallido del conflicto bancario mostró a un ministro de Trabajo impotente para frenar la medida de fuerza, cuando en otros tiempos lo hubiese logrado con un llamado telefónico.

Desde la Casa Rosada se puso de moda el concepto de "inclusión social", machacado hasta el hartazgo desde los escenarios montados sin cansancio y a altísimo costo a lo largo de toda la geografía del conurbano bonaerense o algunas ciudades que todavía reciben a Cristina con una sonrisa.

¿Pero este modelo alcanzó para la inclusión social? Los miles de desharrapados que día a día parten a bordo de camiones en condiciones infrahumanas desde distintos puntos del conurbano bonaerense para hurgar en las bolsas de basura de los `ricos` habitantes porteños, son una postal inaudita que parte el alma.

La "industria de los cartoneros", una pirámide donde la parte del león se la terminan llevando los `conocidos de siempre`, debería haber sido transformada hace años en empleo digno por parte de un Gobierno que parece decidido, como en otros asuntos, a
simular que esto no existe.

Economía, políticas sociales y seguridad van de la mano, y por eso impactó tan fuerte la valiente denuncia lanzada por los "curas villeros", cuando dijeron que la droga ya está despenalizada de hecho en los barrios marginados, donde jóvenes sin perspectivas
son captados para hacer el trabajo sucio del narcotráfico.

Otra vez, la clase política llega tarde y mal a discutir temas que le estallan en la cara, porque el principal deporte de la dirigencia parece ser esconder la cabeza bajo la almohada o aprovechar las miserias para echarle la culpa al otro, sea oficialismo u oposición.

En el empresariado ocurre algo parecido: muy pocos se animan a decir lo que piensan, temerosos de que el gobierno les pueda "enviar la AFIP" o porque se les pueda caer "algún negocio" con el Estado.

Pero es por estos argumentos, y muchos otros que exceden este comentario, que el gobierno debería aceptar que una pata de este modelo, cuya idea central, y casi única, fue el dólar alto, no termina de cerrar.

La pregunta es si será la presidenta Cristina Kirchner capaz de revertir las fallas, en los dos años y medio de mandato que le quedarán tras las elecciones.

"Quiero la platita"

Carlos Fernández es un ministro al que se le conoce poco la voz y que en sus primeros días de gestión fue más famoso por los hechos policiales que se produjeron en la puerta de su casa que por sus medidas.

Sin embargo, la presidenta Cristina Kirchner pondera el perfil bajo del ministro y su figura ganó lugar en las últimas semanas a partir de una sigilosa gestión que viene realizando ante organismos multilaterales para obtener los fondos que el país
necesitará en los próximos meses.

Al fin de cuentas, mantener con fondos frescos la "caja" del Estado es una obsesión de los Kirchner, y los avatares de la historia le dan la razón. ¿O acaso una de las razones de la caída alfonsinista en el 89 no fue que le quedaban apenas 600 millones
de dólares en el Banco Central?

El jefe de Economía emprendió una gestión clave en Washington para que la Argentina reciba cuanto antes los 2.500 millones de dólares que le corresponden a la Argentina después de que el Grupo de los 20 decidió aumentar el capital del FMI.

Ante el Banco Mundial, ya están destrabados otros 1.500 millones de dólares que ayudarán a robustecer este presente de vacas flacas.

Y a esto se suma la operación cerrada por el jefe del Banco Central, Martín Redrado, para tener a mano 10.200 millones de dólares de China por si los números se empiezan a complicar.

Así, lograr todo el dinero a mano, sean dólares o pesos, se transformó en uno de los principales objetivos de un Gobierno obligado a "vivir con lo nuestro" desde hace años.

La caja de la ANSeS

La decisión oficial -imitada por Daniel Scioli- de echar mano a la caja de la ANSeS, aprovechando la estatización de las AFJP, parece más una señal de desesperación que una política de Estado.

Pero al Gobierno no le quedó otra que usar este instrumento, no por casualidad el más defendido por el ex presidente Kirchner en cada acto político como la decisión "más importante" adoptada por su mujer.

El resultado es obvio: usar esos recursos se parece mucho al `pagadios` que Carlos Menem dejó para las futuras generaciones con el enorme endeudamiento que financió la convertibilidad.

Si el Estado falla, quién afrontará las jubilaciones de millones de personas que dependen de esos fondos para cobrar lo escasos haberes que ya de por sí perciben.

¿No es una contradicción destacar en el discurso que los haberes se actualizarán dos veces por año en forma automática, como lo indica la ley, cuando probablemente si se sigue por este camino de echar mano a la caja de la ANSeS no habrá plata para
pagarlo?

Dudas de una Argentina que afrontará dos meses clave para la política, pero de alto impacto sobre la economía.