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Redrado ya fue, ahora van por Cobos y las reservas
31 de enero de 2010
Más allá de cómo concluya formalmente la remoción de Martín Redrado del Banco Central, si se irá echado o renunciante, el kirchnerismo ya comenzó a pensar en su segundo gran objetivo del verano: arrancarle la dimisión al vicepresidente opositor, Julio Cobos.

La andanada de reclamos de paso al costado al vice apenas se había atenuado algunos días para atender el paso formal de crear una Comisión Bicameral encabezada por el propio hombre al que se quiere fuera del gobierno, y así poder completar, se estima
este mismo martes, la remoción del jefe del Central.

La puesta en escena montada el viernes por la noche por Redrado fue seguida desde El Calafate por la presidenta Cristina Kirchner, quien ordenó al jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, salir a cruzarlo sin que siquiera hubiese terminado la conferencia de prensa.

En un hecho inédito, Redrado y el ministro coordinador intercambiaban respuestas
"on line" ante la prensa y en caliente -uno en la conferencia y el otro por C5N-, en un episodio que quedará en los manuales de comunicación política por su originalidad.

Redrado ya le había anticipado a la Comisión Bicameral que renunciaría, por lo que probablemente tanto el Gobierno como la oposición estaban avisados de lo que venía y eso explique semejante volumen de repercusiones inmediatas tras formalizarse el
alejamiento.

El episodio Redrado concluye así con la misma desprolijidad que había comenzado, y ahora los grandes objetivos de la Casa Rosada son esmerilar a Cobos para que finalmente dé un paso al costado, y destrabar el embrollo judicial armado para usar las reservas con el fin de pagar deuda.

La lección que le queda al Gobierno es que de ahora en más le será más difícil ningunear al Congreso a la hora de tomar decisiones clave que sí o sí deban pasar por el Parlamento, como fue el caso de la remoción del titular del Central.

Los menos de dos años de mandato que le quedan a la Presidenta serán así de "negociación", y desde la oposición creen que hará falta algo más que suavizar la imagen y hacer bromas para revertir la caída de imagen que viene sufriendo la jefa de Estado.

Enfrente, el problema a esta altura para una oposición fragmentada será cómo tratar de capitalizar ese mal momento del oficialismo, con miras a la pelea presidencial del 2011.

Cobos, quien en algún momento deberá renunciar si quiere oficializar su candidatura presidencial, sera sometido nuevamente a una fuerte presión por parte del oficialismo para que dé un paso al costado.

Hace rato que el mendocino dejó de ser apenas una piedra en el zapato de los Kirchner, para convertirse en un dolor de cabeza capaz de causar daño político.

Desde la Casa Rosada lo quieren fuera de cualquier espacio de poder lo antes posible, y por eso durante febrero se renovará la embestida contra el vice, con nuevas acusaciones de alta traición.

El radicalismo también está incómodo y preferiría tener al ex gobernador de Mendoza fuera del gobierno para comenzar a instalarlo como uno de los líderes con chances de devolver el Sillón de Rivadavia al centenario partido.

Si hasta el diputado Ricardo Alfonsín podría jugar la suerte de partinaire en una potencial interna abierta en la que Cobos fuese ungido candidato.

Un tema complejo está vinculado con el uso de reservas para pagar deuda, una jugada por ahora frenada por la Justicia que podría obligar a Cristina a convocar a extraordinarias para tratar de obtener aval del Congreso, como ocurrió con el pago al FMI.

El problema es que esta vez no tiene asegurado el voto, todo lo contrario, y abrir de nuevo el juego al Congreso podría convertirse en un efecto bumerán.

Pero el Gobierno necesita sí o sí echar mano de las reservas para poder cumplir con sus pagos de deuda y atender los reclamos de fondos que llueven desde las provincias.
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El escenario que viene.
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Los estrategas de la Casa Rosada, no muchos más que los propios Cristina y Néstor, imaginan un escenario favorable para este año, impulsado por una economía en recuperación.

Consideran que el canje de deuda será un éxito, con una adhesión superior al 65 por ciento, y que tras ese paso el mundo financiero comenzará a aminorar su recelo histórico hacia la Argentina.

Cumpliendo esas condiciones, y quitándole a Cobos la vidriera del Senado, desde la cual, sostienen en la Casa Rosada, el vicepresidente pretende hacer el primer tramo de su campaña, el camino podría allanarse hacia un balotaje que termine permitiendo
la reelección del proyecto K.

"En un balotaje el zurdaje terminará volcando los votos a favor de Cristina", razonó hace un tiempo ante este cronista Torcuato Di Tella, uno de los pensadores libres identificados con el kirchnerismo.

Aludía a sectores "progresistas" que ahora mantienen cierta distancia del matrimonio presidencial, como los votantes de Pino Solanas en la última elección, y que ante la posibilidad de un avance conservador preferirían dar su voto a los Kirchner.

"Lo más importante es frenar el avance de la derecha", dijo el ex intendente de Morón Martín Sabbatella al asumir como diputado nacional, ratificando esa línea de pensamiento.

"Derechas" e "izquierdas" han cometido demasiadas barbaridades en la historia argentina, y tal vez convendría superarlas como categorías de análisis y de formación política, para encontrar una vía superadora.

Quien interprete esa percepción que anida en vastos sectores de la población, tal vez tenga la oportunidad de enfrentar con mejores chances el escenario que viene, donde la ciudadanía exigirá cada vez mayor sentido común y pragmatismo a la hora de
tomar decisiones políticas destinadas a mejorar su calidad de vida.