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Mercosur: positivo a pesar de todo
1 de junio de 2007
Cada tanto la pregunta reaparece en distintos círculos empresarios: hasta qué punto el MERCOSUR le sirve a las empresas argentinas.

Y aquí también las opiniones están divididas. Aclaración Nro. 1: está probado que todo proceso de integración deja ganadores y perdedores. Aclaración Nro.2: la mayor parte de los empresarios defienden o detractan el proceso de integración según la marcha de sus negocios con el bloque. Aclaración Nro 3: está en marcha otro MERCOSUR.

En general los especialistas coinciden que el balance es positivo. Hacen hincapié en el creciente dinamismo del comercio intra-Mercosur respecto al intercambio total, que pasó de 8,9% antes de la conformación del mercado ampliado a más del 26% el año pasado.

Recuerdan que la mayoría de las Pymes empiezan exportando a los países socios y no se olvidan que los embarques con mayor valor agregado se dirigen precisamente a la región.

Por cierto que no desconocen la existencia de asimetrías entre los países y entre los sectores productivos de cada uno de los socios.

En ambos casos se han registrado daños, pero es por lo menos discutible si éstos han sido de la magnitud pronosticada en los albores del proceso integrador, cuando se decía que los productos brasileños arrasarían con las industrias de los países socios.

Y no son pocos los entendidos que aseguran que el riesgo a sucumbir le sacudió la modorra a infinidad de empresas locales. Muchas se impusieron- y pudieron- mejorar su eficiencia productiva y hoy no se pueden quejar, aunque otras no están para contarlo.

Lo viejo, lo malo y lo bueno

Las asimetrías parecen haber sido el costo que la Unión Aduanera tuvo que pagar por privilegiar la integración regional y la afinidad cultural y hasta histórica, entre algunos de estos países.

Alguna vez, tras el proceso de negociaciones, en el que los cuatro socios tiraban de la cuerda tratando de arrancarle concesiones a los otros, un alto funcionario de la cancillería argentina de entonces admitió que las diferencias idiomáticas con Brasil habían “facilitado las cosas”, porque muchas veces los negociadores no entendían lo que decían sus pares.

Entre ese y otros comentarios, quedó flotando la idea de que en el afán de cerrar en tiempo el acuerdo, los técnicos argentinos firmaron sin profundizar demasiado en la solución de los diferendos.

No se sabe si las grandes decisiones que alumbraron en 1994 en Ouro Preto, respondieron a esa premisa, pero en cambio no se puede negar que descuidaron el interés del aparato productivo nacional, en la sintonía ideológica del gobierno local de aquellos días.

Se inscribe en este razonamiento la decisión de instaurar un arancel externo común y avanzar hacia la total liberalización arancelaria del bloque sin eliminar otras barreras, ni coordinar las políticas macroeconómicas y los estímulos a la producción, que hoy son la columna vertebral de la Unión Aduanera.

Es probable que en esa matriz comercial se haya gestado la mayor parte de los conflictos que afrontó el bloque en los últimos doce años.

En este tiempo la Argentina ganó y perdió con Brasil.

Las buenas vinieron por el incremento de las exportaciones y por un balance comercial generalmente positivo.

Las malas en tanto tuvieron que ver con la mayor radicación de inversiones del lado brasileño, lo cual tuvo mucho que ver con la matriz surgida en Ouro Preto y por las diferencias de valor agregado de los embarques en uno y otro sentido, que se sabe tiene impacto directo en la creación de empleo.

Pero en esto hay avances. Según Fundación Crear el precio de la tonelada exportada por la Argentina a Brasil, que en el 2000 se ubicó en 368 dólares, en el 2006 tuvo un valor de 601 dólares, muy por encima del indicador promedio de las ventas locales (471 dólares/ton)

“El aumento en el grado de complejidad y de valor agregado de las exportaciones argentinas a Brasil explican este desempeño y en cambio tiene muy poco peso el aumento en los precios internacionales. En cuanto a la incidencia sobre el empleo, el 30% de los 66.500 nuevos empleos que generaron las exportaciones en 2006, fueron consecuencia de ventas al bloque”, afirma Pablo Besmedrisnik, economista de Fundación Crear.

De acuerdo a los últimos datos del INDEC en el primer cuatrimestre de este año las exportaciones al MERCOSUR crecieron 29% respecto a igual período del año pasado, con un aumento del 24% en los envíos de MOA (Manufacturas de Origen Agropecuario) y del 28% en los de MOI (Manufacturas de Origen Industrial).

El aumento de las colocaciones de productos manufacturados permite, a juicio de los expertos, remarcar el papel de las Pymes, así como el análisis sectorial revela la trascendencia que está adquiriendo el entramado de algunas economías regionales.

“El hecho de que el sector frutihortícola, con buena presencia de Pymes y con un impacto regional de magnitud, haya sido en el 2006 el sector que más expandió su demanda de empleo para satisfacer su oferta exportadora, está hablando de un protagonismo significativo. Y algo similar pasa en sectores como la Vitivinicultura, la Metalmecánica y el de Panadería-Confituras”, dice Besmedrisnik.

Lo nuevo y lo que falta

“El MERCOSUR se ha transformado en una plataforma de competencia y salida al exterior de muchas Pymes. Pero las crisis de Brasil de 1999 y de Argentina 2002 nos enseñan que las políticas macroeconómicas tipo "piloto automático" han sido muy negativas para ambos países”, dice Rubén Ascúa, presidente de Red Pymes Argentina, que participa en las reuniones anuales de la Red Pymes-Mercosur.

Por su parte Fernando Martínez, ex Subsecretario de Política y Gestión Comercial de la Nación y actual dirigente de Fundación Crear, admite que algunas medidas de Gobierno están cambiando la historia. “Ha sido muy importante la incorporación del Mecanismo de Adaptación Competitivo (MAC), que constituye una salvaguarda bilateral, pero curiosamente aún no fue utilizado por ningún sector”.

Destaca además como positiva la instrumentación de políticas de restricciones voluntarias en línea blanca y textiles, así como las de licenciamiento no automático en calzados.

Pero sin dudas que el tema que genera más expectativas en los países miembros, es el ingreso de Venezuela, país que en el 2012 habrá desmantelado toda su estructura arancelaria de cara al bloque.

“El ingreso de Venezuela al MERCOSUR arroja efectos positivos en lo comercial y también desde la óptica institucional. El previsible aumento de la inestabilidad política y de las dificultades para alcanzar consensos, se verá contrarrestada por una mayor capacidad negociadora del bloque, por el peso que ejercen los recursos energéticos y financieros del nuevo socio”, afirma Diego Frediani, director de RGX (Red Global de Exportación)

El consultor, que últimamente ha asesorado a empresarios venezolanos, agrega que en ese país crece la sensación de que la industria nacional está seriamente comprometida frente a competidores de Brasil y Argentina.

“Más que saber cómo penetrar en el MERCOSUR, ellos quieren saber cómo defenderse de la competencia que ven venir”.

Un trabajo del CEI (Centro de Economía Internacional) dependiente de la Cancillería, asegura que al menos 127 productos argentinos presentan un alto potencial de incrementar sus ventas a aquel mercado, pero advierte que algunos deberán competir con la producción brasileña. Productos agroalimentarios e industriales, aparecen como los candidatos a ser beneficiados en primera instancia.

El MERCOSUR también parece avanzar hacia la superación de asimetrías, aunque a riesgo de abrir nuevos desafíos. Tal el caso de la reciente iniciativa de Brasil y Uruguay de promover la instalación de maquilas automotrices que utilizarían partes de extrazona, en el socio rioplatense.

“Es un evidente desafío para los autopartistas nacionales, que requiere operar cláusulas de salvaguardia que compensen una eventual competencia desleal del exterior. Por otra parte sería deseable que los componentes de afuera que se utilicen sean compatibles con los componentes de extrazona permitidos en Brasil y Argentina”, dice Rubén Ascúa.

También aparecen algunos proyectos asociativos entre empresas de distintos países, para los cuales, la Comisión de Representantes Permanentes del MERCOSUR, estaría impulsando mecanismos alternativos de financiación.

Lo dicho entonces: está en marcha un nuevo MERCOSUR. Pero como dice Fernando Martínez la falta de tormentas en el horizonte económico de la región está aletargando la maduración del proceso de integración.

“La agenda pendiente no es menor: coordinación macroeconómica y de las políticas de competitividad y un testeo periódico del Arancel Externo Común, que es urgente de cara a posibles derivaciones de la Ronda de Doha”, dice el especialista.