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Emoción en Vía Crucis en Copacabana
El calor de la juventud se hizo sentir al máximo en una gigantesca movilización frente al mar a la que el papa transmitió su frescura
26 de julio de 2013
El Papa Francisco volvió a conmover multitudes que lo acogieron en delirio en la playa de Copacabana, donde encabezó el Via Crucis.

El primer papa latinoamericano cumplió su prédica de sacar la Iglesia a la calle, paseándose una vez más por el centro de Rio en la primera mañana sin lluvia desde hace varios días, y al caer la noche por la costanera de Copacabana, mientras cientos de miles de fieles gritaban y lloraban en éxtasis.

Frente al mar, en Copacabana, Francisco preside el Via Crucis, el camino de la Cruz, que representa los diferentes momentos vividos por Jesús desde que fue detenido hasta su crucifixión, en la cual participarán 280 actores y voluntarios.

Las 14 estaciones del sufrimiento de Jesús tratarán temas como las redes sociales, la droga, la religiosidad, la defensa de la vida y los enfermos terminales. En cada una, un joven (un misionero, un exadicto y una religiosa que lucha contra el aborto, entre otros) leerá un mensaje.

La anulación de dos grandes eventos en un gran "Campus Fidei" (campo de fe) en Guaratiba, a 60 km al oeste de Rio, a causa de las lluvias torrenciales de los últimos días, ha provocado cuestionamientos a la organización de la JMJ.

El propio alcalde de Rio, Eduardo Paes, atribuyó una "nota cerca de cero" a la organización, considerada como el gran test para la ciudad que acogerá partidos de la Copa del Mundo de fútbol en 2014 y los Juegos Olímpicos en 2016.

En vez de peregrinar hacia Guaratiba a lo largo de 13 km, finalmente los jóvenes peregrinarán 9,5 km del centro de la ciudad hasta Copacabana el sábado. Luego dormirán en la playa de Copacabana, y no en el Campus Fidei, en una vigilia en la que el papa rezará una oración.

El domingo, la misa de clausura de la JMJ también fue trasladada a Copacabana, mientras en Guaratiba, el enorme y costoso altar circular que se construía desde enero para la ocasión ha quedado convertido en un enorme elefante blanco.

"Candelaria nunca más", pidió el papa Francisco tras reunirse con ocho presos menores de edad, en referencia al asesinato en 1993 de ocho niños y adolescentes de la calle por parte de la policía delante de la Iglesia de la Candelaria, en pleno centro de Rio, que estremeció al país.

Los jóvenes infractores le ofrecieron como regalo un rosario artesanal. Sobre la cruz figura la inscripción "Candelaria nunca más". En las cuentas están inscritos los nombres de los niños asesinados.

El papa repitió entonces: "Candelaria nunca más" y pidió "rezar por todos los menores víctimas de violencia" que están en prisión o viven en las calles.

Francisco, que se enfrenta al gran desafío de renovar una Iglesia en crisis tras escándalos de corrupción y pedofilia en los últimos años, también almorzó con 12 peregrinos del mundo entero.

Más temprano, el papa confesó a cinco jóvenes -tres brasileños, una venezolana y una italiana- escogidos al azar entre más de 300.000 peregrinos.

La venezolana Estefani Lescano, una estudiante de 21 años, se enteró en mayo de que era la elegida. Y al verlo "claro que lloré, pensé que iba a llorar más, me quedé como en estado de shock y después me puse a llorar, el papa se quedó (observando), fue cariñoso, lo abracé, tenía que abrazarlo", contó a la AFP la joven. "Me dijo que los venezolanos no tienen pecados", dijo riendo.

La confesión -la reconciliación con Dios- es un acento del pontificado de Francisco, que se ha mostrado llano y accesible en su primer viaje a la región donde nació y vivió casi toda su vida, acercándose a la gente y hasta aceptando un mate al paso del papamóvil.

América Latina es la región con más católicos del mundo, más de un 40% del total, pero pierde fieles desde hace 30 años, mientras crecen las iglesias pentecostales y el laicismo.