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El día que se oficializó la violencia armada
Hace cuatro décadas, el 19 de enero de 1974, el ERP atacó el regimiento de Azul. Fue una bisagra de la violencia armada. Perón llamó a "aniquilarlos"
19 de enero de 2014
Desfigurado, enojado, el entonces presidente Juan Domingo Perón llamó a "aniquilar y exterminar al terrorismo criminal", en un mensaje en cadena nacional realizado la noche del 19 de enero de 1974, luego del ataque del ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo) al regimiento de Azul, en la provincia de Buenos Aires.

"Hay que aniquilar cuanto antes este terrorismo criminal. Esperamos que este grupo de reducido número de psicópatas que va quedando sea exterminado uno a uno para el bien de la República”, dijo un furioso Perón a todo el país.

Horas antes, el grupo guerrillero encabezado por Enrique Gorriaran Merlo -que luego protagonizaría el ataque a La Tablada durante el gobierno de Alfonsín- y 100 militantes decidió asaltar el cuartel de Azul, la unidad militar mejor armada del país.

El objetivo era robar armamentos para pertrechar a la guerrilla rural que comenzaba a gestar.

Este hecho sangriento, que fue un fracaso por su falta de táctica y previsión, igual terminó en una carnicería con la muerte de un conscripto, la matanza a sangre fría del coronel Camilo Gay y su esposa, la muerte de tres guerrilleros y la captura de otros dos que desaparecieron.

Este hecho fue el punto de inflexión de una escalada de violencia que comenzaría a generar uno de los momentos de mayor irracionalidad de los guerrilleros que no apostaban a Estado de Derecho alguno.

El objetivo del ERP, como guerrilla marxista, era la "revolución socialista", no la democracia, y así, no participó de las elecciones de marzo de 1973.

Sólo se comprometió, tras el triunfo de Héctor Cámpora, a no atacar al Gobierno pero mantener en pie el enfrentamiento contra las Fuerzas Armadas y las empresas extranjeras, sus enemigos.

Antes del ataque al cuartel de Azul, el ERP ya había asaltado el Comando de Sanidad de Parque Patricios y recibió U$S 14,2 millones por el rescate del gerente de Esso Víctor Samuelson.

Este acto también fue un terremoto para el gobierno de Perón que, herido ya por la muerte de José Rucci, cuatro meses antes, y las acciones de los grupo de jóvenes terroristas, decidió echar de la Gobernación bonaerense a Oscar Bidegain, identificado con "la Tendencia" y las ideas revolucionarias de ERP y Montoneros.

Lo que vino no fue mejor: en su cargo quedó el vicegobernador, el sindicalista de la UOM, Victorio Calabró, parte de la derecha peronista que desató su propio "operativo limpieza".

En medio de este clima que se enrarecía día a día, los diputados Montoneros que habían ganado bancas en las elecciones del 23 de septiembre de 1973 -incluido el actual diputado Carlos Kunkel-, se reunieron con Perón en Olivos por la oposición a un proyecto de ley que presentó el gobierno nacional con "sanciones más duras" contra los guerrilleros, inclusive por encima de las ya establecidas por la dictadura de Alejandro Lanusse.

Eso sucedió dos días después del ataque a Azul, en la Quinta de Olivos, y no fue el mejor momento: Peron seguía enardecido y, tras escucharlos, de poca gana y con tono casi militar, le dio la respuesta que menos esperaban: "Quien esté en otra tendencia diferente de la peronista, lo que debe hacer es irse. Si nosotros no tenemos en cuenta la ley, en una semana se termina todo esto, porque formo una fuerza suficiente, lo voy a buscar a usted y lo mato”, disparó Perón ante el silencio de los jóvenes militantes.

Ese día algo se rompió en la relación con el jefe del PJ.

Lo que vino después fue una espiral imparable: la ley se sancionó y Perón designó como subjefe de policía a Alberto Villar, quien fue una de las cabezas de la Triple A con el inicio de más muertes y fusilamientos ilegales. Villar murió tras una explosión de su lancha en el Tigre 11 meses después.

Por su parte, la guerrilla no dejó de cometer secuestros, atentados y muertes a mansalva, además de intentar instalar una subversión campesina en Tucumán, que también fracasó.

Decenas de personas morían a diario en ambos bandos, en un país que sangraba por el horror con testigos inocentes que no estaban en ninguno.

A mitad de ese camino, el primero de julio de 1974, murió Perón y el país, su movimiento político y el sueño de la Democracia quedó acéfalo y sin retorno.

Era ya un país irreal donde, como plasmó tan maravillosamente Osvaldo Soriano en su novela "No habrá más penas ni Olvido", podía ocurrir que en medio del combate entre facciones ideológicas opuestas, uno de los personajes no entendiera lo que ocurría y señalara: "Yo nunca me metí en política: siempre fui peronista".