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"Sentí las patadas en el alma", dijo el Papa
Francisco cuestionó los linchamientos de ladrones a través de una carta en la que rechazó la violencia y la justicia por mano propia. Conmovido por el crimen
9 de abril de 2014
El papa Francisco condenó los linchamientos de delincuentes y en especial el crimen de un asaltante muerto a patadas en Rosario.

"Sentí las patadas en el alma", dijo el Papa.
En una carta, Francisco advirtió que toda la sociedad está involucrada en el drama de la justicia por mano propia, que desde la Navidad registra 24 episodios y nueve muertes de delincuentes.

En el último caso, en Callao y Posadas, Recoleta, un ladrón fue encerrado y golpeado hasta que intervino la policía.

Otro motochorro fue liberado en Córdoba y un joven apareció con la cara deformada por golpes en Posadas, Misiones.

Los atacantes justifican su accionar en lo que consideran una “ausencia del Estado” ante la inseguridad.

David Moreira fue golpeado el 22 de marzo y murió a los tres días. No tenía antecedentes policiales.

“No era un marciano, era un muchacho de nuestro pueblo”, escribió Francisco en su carta, inspirada en un David derrotado por Goliat. “Me acordé de Jesús; ¿qué diría si estuviera de árbitro allí?: el que esté sin pecado que dé la primera patada”.

Francisco se puso en la piel del chico que aparece en una foto desarticulado como un muñeco, sangrante como la víctima de una guerra, al lado de una moto que lo mira como un toro arrollador.

Lo expresó así: “Me dolía todo, me dolía el cuerpo del pibe, me dolía el corazón de los que pateaban”.

“Pensé que a ese chico lo hicimos nosotros, creció entre nosotros, se educó entre nosotros. ¿Qué cosa falló?”, preguntó el Papa, sin las respuestas, o quizás con todas, porque desde que conduce la Iglesia ha planteado que el delito no se combate con revanchas ni barrotes, sino con inclusión social, con una casa por familia, con comida, y sin sumisión a la “tiranía del dinero”.