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En Buenos Aires hay secretos sin montañas
"Muerte en Buenos Aires" toma una historia gay en territorio porteño para narrar un asesinato con misterio. Gran trabajo del "Chino" Darín
16 de mayo de 2014
El misterioso asesinato de un hombre de la más alta alcurnia porteña, secretamente vinculado al ambiente gay en pleno destape ochentoso, es el puntapié de Muerte en Buenos Aires, ópera prima de Natalia Meta encabezada por el Chino Darín y el mexicano Demián Bichir, que esta semana llega a las salas de cine.

El film es también el primer protagónico del "Chino" Darín que comieza con una interesante carrera cinematográfica.

“No sabría explicar por qué, pero cuando hace muchos años vi Secreto en la montaña (2005) salí convencida de que si esa historia hubiese ocurrido en la Argentina, en vez de vaqueros, hubiera sucedido entre policías”, dijo Natalia Meta en referencia al filme estadounidense sobre dos cowboys que se enamoran mientras trabajan en el pastoreo de ovejas.

Muerte en Buenos Aires se ubica a comienzos de los años 80: ya en democracia, en el aire la libertad todavía tenía sabor a nuevo y las expresiones artísticas, culturales y sexuales empezaban a florecer en formas inesperadas. Era la seductora Buenos Aires del destape y es esa época que ambienta esta historia.

“La película no es nada naturalista y los 80 son una buena excusa para darle cierto exotismo sin enrarecerla, porque en ese momento había un tipo de glamour que no resultaba bizarro”, explicó la realizadora sobre el filme que originalmente había sido pensado como una serie de televisión.

Muerte en Buenos Aires comienza con un crimen: Copito, uno de los coleccionistas de cuadros más reconocidos de Buenos Aires, aparece muerto en su lujoso departamento. El agente Gómez (Darín), un joven y novato policía, es consignado a preservar la escena del crimen hasta que la brigada de investigaciones se haga presente en el lugar.

Y es allí donde conoce a Chávez (el mexicano Bichir), un oficial de larga data, cansado, de modos poco amables pero con una reputación intachable en materia de crímenes resueltos, y a Dolores (Mónica Antonópulos), su sensual compañera.

¿Se trató de un robo? ¿Fue un asesinato por encargo? ¿Un ajuste de cuentas? ¿Un crimen pasional? Las hipótesis son amplias y las pruebas, pocas. Y es en ese ir y venir de preguntas y respuestas que, atraído por la experiencia de Chávez, el joven oficial se ofrece a colaborar con la investigación.