Noticias actualizadas las 24 horas Información clave para decidir
19 de noviembre de 2017
Seguinos en
Reciba gratis nuestra newsletter diaria y alertas de noticias en su casilla de e-mail
Al hacer click en el botón, se abrirá una nueva ventana donde podrá ingresar sus datos
¿Matar a los hijos y suicidarse en Irak?
Lo piensan los shiitas para no caer en manos de los sanguinarios terroristas yihadistas del ISIS, el grupo extremista que mantiene en vilo a ese país
7 de septiembre de 2014
La locura desatada en Irak por el grupo terrorista ISIS no sólo está mostrando al mundo la decapitación en vivo y en directo, sino historias de vida que poco tienen que envidiarle al drama provocado por el nazismo.

Cientos de personas se agolparon en la polvorienta carretera que atraviesa la ciudad de Amerli, a unos 150 kilómetros al norte de Bagdad, para dar la bienvenida a las tropas del ejército iraquí, milicianos shiitas del Ejército del Mahdi, los peshmergas kurdos y, según testigos, efectivos Pasdarán de Irán.

Esa liberación producida hace apenas unos días fue uno de los golpes más duros que ha experimentado hasta ahora el sanguinario grupo terrorista ISIS que por más de dos meses sitió esta población.

Amerli fue en el presente una especie de Masada, como aquella fortaleza sitiada por los romanos cuyos habitantes judíos prefirieron morir por su mano antes de caer vivos frente a sus enemigos. Eso también existió aquí como alternativa última. “Pensábamos que jamás veríamos llegar este día. Temimos por nuestra vida. Y vivimos con mucho miedo durante los 80 días de asedio”, declaró a DPA Ainur Mohammad. La mujer mira, junto con cinco de sus hijos, las escenas de alegría de sus vecinos y sus ojos se inundan poco a poco.

“Han sido dos meses angustiosos. Mi marido y yo pensamos en acabar con la vida de nuestros hijos si los yihadistas entraban en Amerli. Queríamos impedir que les decapitaran o les fusilaran como han hecho en Mosul”, añade la mujer con un temblor de angustia pero a la vez aliviada.

La mayoría de la población es turcomana shiíta y, por lo tanto, enemigos despreciables para la lógica del ISIS, ultraislámicos sunnitas. Mosul, en Irak, es la ciudad donde esta banda terrorista implantó su autodenominado Califato, tras destruir todos los templos de las minorías religiosas y expulsó o mató a cristianos, islámicos opositores o creyentes de otros cultos.

La pesadilla comenzó hace 80 días, cuando los terroristas cercaron el lugar, y con él a sus 17.000 habitantes con la intención de seguir su imparable avance hacia la localidad de Kirkuk, a tan sólo 55 kilómetros desde aquí. Tras la toma de Mosul, la segunda ciudad de Irak, el terror se apoderó de los vecinos de Amerli a extremos conmovedores.
Apenas días antes de que la coalición rompiera el sitio, firmaron un pacto por el que cometerían un suicidio colectivo si los ultraislámicos llegaban a poner un solo pie en la aldea. Hubieran preferido arrancarse la vida con sus propias manos que morir en una ejecución sumaria o convertirse en esclavos.

Con lo que no contaban los yihadistas era con la feroz resistencia que presentarían los vecinos. En su mayoría granjeros y campesinos, optaron en junio por abandonar sus campos y empuñar las armas.

Cada hombre se convirtió en soldado y cada soldado se convirtió en la última línea de defensa entre los yihadistas y los civiles que se escondían en retaguardia.

”Mi padre me dio un arma y me llevó con él al frente de batalla para defender a mi familia”, comenta a DPA el joven Ali Wasam. Con tan sólo 14 años, este muchacho sabe lo que es combatir a las huestes del ISIS y vivir para contarlo.