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Cristina cargó contra el 18F y el "partido judicial"
En su final de ciclo, consideró que la movilización de cientos de miles de argentinos para reclamar justicia tras la muerte de Nisman fue un "bautismo de fuego del partido judicial"
21 de febrero de 2015
Cada vez más alejada de la realidad política, la presidenta Cristina Fernández -a quien le quedan poco más de nueve meses de mandato- salió a criticar las multitudinarias marchas de silencio del 18 de febrero último en homenaje al fiscal de la causa AMIA, Alberto Nisman, muerto en circunstancias dudosas.

Furiosa, Cristina calificó de "marcha opositora" y destituyente a la movilización que incluyó miles de familias, y calificó a la organización como “el nuevo ariete contra los Gobiernos Populares", en una interpretación riesgosa y cada vez más emparentada con el chavismo radicalizado encarnado ahora por el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, quien persigue a los opositores y hasta lo encarcela.

La presidenta tardó tres días en reaccionar, y sostuvo: "Podría haber sido una marcha en homenaje a un Fiscal que apareció sin vida en circunstancias dudosas, tal cual lo expresa la carátula del expediente judicial, o podría haber sido lo que realmente fue: simple y sencillamente, una marcha opositora".

Dijo que "se pudo ver en vivo y en directo a dirigentes políticos riéndose a carcajadas y también a manifestantes llevando carteles con leyendas ofensivas e insultantes contra el Gobierno".

Consideró que "tampoco fue una marcha del 'silencio', porque el mismo fue sonoramente roto por un orador sindical integrante de una central obrera ferozmente opositora. En definitiva: tanto en lo gestual como en las palabras y en lo ostensiblemente visible, el 18F fue decididamente una marcha opositora, convocada por fiscales y apoyada por jueces y todo el arco político opositor". Cristina, quien nunca le dio las condolencias a la familia de Nisman, sostuvo que la convocatoria de los fiscales fue "el bautismo de fuego del partido judicial".

En tren de victimizarse, dijo que son el "nuevo ariete contra los Gobiernos Populares, que suplanta al Partido Militar en el rol que, en el trágico pasado, asumiera respecto de Gobiernos con Legalidad y Legitimidad democrática".

Incluso, comparó a la marcha con un intento golpista: "Ya no se trata de golpes violentos que interrumpen el funcionamiento de las instituciones y de la Constitución. La modalidad es más sofisticada. Articula con los Poderes económicos concentrados y fundamentalmente con el aparato mediático monopólico, intentando desestabilizar al Poder Ejecutivo y desconociendo las decisiones del Legislativo. O sea, un súper poder por encima de las instituciones surgidas del voto popular".

Tal vez el gobierno de cristinista haya quedado a un paso de prohibir las marchas que no sean de su agrado.