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Afirman que el cuerpo de Nisman fue movido
Lo asegura el análisis de los peritos de la querella, que sostienen que fue asesinado estando de rodillas. El escándalo crece y la fiscal Fein se halla en el centro de la tormenta
13 de marzo de 2015
La dudosa muerte del fiscal Alberto Nisman ya es un escàndalo. Ahora, los peritos de la querella, convencidos de que al hombre que acusó a la presidenta Cristina Fernández de encubrir a Irán, lo liquidaron.

La huella de cuatro dedos manchados con sangre en el brazo de Nisman figura en el informe de uno de los tres peritos de la querella, según el cual en el cadáver habría marcas de “agarre y deslizamiento de los dedos de una mano sobre uno de sus brazos".

La difusión de la supuesta existencia de un sicario que habría asesinado a Nisman, hincado en su baño frente a la bañera, conmovió a los protagonistas del caso, y profundizó mucho más la grieta que separa a la fiscal Viviana Fein de la ex esposa de la víctima, Sandra Arroyo Salgado.

Pero otro dato complica la trama: según escribió uno de los tres peritos de la querella, el cadáver de Nisman tendría la marca del “agarre y deslizamiento de los dedos de una mano sobre uno de sus brazos”.

Es decir, habría rastros de cuatro dedos correspondientes a la supuesta mano que según la pericia tomó el cuerpo de Nisman para correrlo de lugar.

El dato figura en el informe personal que redactó el licenciado en criminalística y ex jefe de la policía Bonaerense Daniel Salcedo, que después se sumó a las conclusiones del forense Osvaldo Raffo y las del perito Julio Ravioli para el informe final que Arroyo Salgado presentó ante la fiscal Fein, y cuya síntesis presentó en San Isidro el jueves de la semana pasada.

Ese resumen consignaba que el cuerpo de Nisman había sido movido de la posición en la que encontró la muerte, sin más detalles. Sólo se supo, después de la presentación formal, que ese movimiento no se refería al que podría haber ocurrido cuando los familiares de Nisman y el médico de su prepaga intentaron abrir la puerta del baño para ver qué le había pasado al fiscal.

Si alguien manchado con sangre tomó al cuerpo yermo de la víctima y lo corrió de lugar hasta “acomodarlo” en la ubicación en la que finalmente fue hallado, y después lavó el baño y sus propias huellas del brazo del fiscal en el que habrían quedado marcadas, suena más que razonable que Arroyo Salgado le pida a la jueza y a la fiscal que junten y preserven las pruebas que podrían corroborar esa tesis.

Mientras comienzan a florecer las historias sobre supuestos comandos de inteligencia locales y extranjeros, la ex mujer de Nisman ya tiene a su sospechoso.

Tampoco le sobra imaginación: una rápida gestión ante la doctora Palmaghini logró que la policía Metropolitana allanara la casa de Diego Lagomarsino, el perito informático que le entregó al fiscal –según dijo a pedido de él– la pistola Bersa calibre 22 con la que alguien lo mató.
En el operativo se secuestraron todas las computadoras y aparatos electrónicos con acceso a Internet, y varias prendas de Lagomarsino. La jueza le tuvo consideración: Arroyo le había pedido que se llevara todo el guardarropas del perito informático. Todavía no lo acusa de nada. ¿Falta mucho?