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Evo Morales admitió la derrota pero da pelea
El presidente de Bolivia reconoció su ajustada caída en el referéndum por el cual buscaba eternizarse en el poder. Dijo que "respetará" los resultados
24 de febrero de 2016
Por un margen muy acotado, el presidente de Bolivia, Evo Morales, vio concluir su sueño de eternizarse en el poder, como alguna vez lo intentaron otros de sus colegas de la región, la mayoría sin suerte.
Morales, quien hace más de 10 años que gobierna ese empobrecido país, admitió el triunfo del "no" a la modificación de la Constitución para una nueva reelección y un cuarto mandato de cinco años en las elecciones de 2019.

Como fuera algo excepcional, señaló: "Quiero decirles: respetamos los resultados, es parte de la democracia".

“Perdimos solo una pequeña batalla, pero no la guerra, afirmó, apelando a un lenguaje bélico similar al utilizado por Nicolás Maduro en Venezuela. "Hemos perdido esta batalla pero no se ha caído el proceso, vamos con fuerza. Con la unidad del pueblo hemos llegado a dónde estamos", indicó, sugiriendo que intentará dejar a algún delfín político cuando le toque irse en cuatro años.

Con su primera derrota electoral a cuestas, el presidente boliviano está obligado ahora a cambiar de estrategia para garantizar su proyecto político más allá de 2020, cuando termine su mandato.

En un agónico escrutinio oficial, al 99,72% de actas computadas, el No alcanzó un 51,30% frente a un 48,70% del Sí, una situación irreversible. El voto rural y campesino cerró las brechas y por un momento hizo creer al gobierno que conseguirían el triunfo. El resultado despertó el festejo de grupos en algunas ciudades como La Paz, y en los bastiones opositores de Sucre, Potosí y Santa Cruz. Pese a la aparente polarización, había calma.

El resultado fue casi calcado al ocurrido en el balotaje que llevó a Mauricio Macri al poder, toda una señal sobre las divisiones casi por mitades que existen en muchas naciones latinoamericanas en materia política e ideológica.