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Impunidad K: José López se hacía llamar "La superioridad"
Consta en expendientes de Vialidad Nacional que al disponer qué empresas debían cobrar antes por la obra pública obligaba a utilizar ese apodo
17 de junio de 2016
Más de doce años manejando los hilos del poder parecen haber hecho creer al kirchnerismo que sería impune para siempre.

Pero eso no ocurrió y empiecen a trascender detalles de sus operatoria controversial para manejar el dinero de todos los argentinos.
Por ejemplo, La Nación reveló que en los expedientes donde se liquidaban los pagos a José López, el todopoderoso secretario de Obras Públicas, no se lo nombraba pero sí se lo refería.

Estaba presente en cada una de las carpetas que terminaban con un cheque de la poderosa Vialidad Nacional. Se lo llamaba "Superioridad", casi un lenguaje castrense en medio de los constructores viales.

"Me dirijo a usted a efectos de informarle que por disposición de la Superioridad los expedientes que se detallan deberán ser pagados el día 10/11/2015", se lee en la una nota denominada con el número 701. Luego, un listado de los expedientes autorizados y la firma de una jefa de liquidaciones. Ese papel era la luz verde para que se confeccionara el pago. Ningún documento que certificara la obra o el motivo del desembolso. La mención sagrada al hombre que hoy escucha voces en los Tribunales era el único requisito.

"La Superioridad" se convirtió en la contraseña que certificaba que los pasos previos al pago estaban cumplidos. Significaba que aquella ya conocida "lista de la felicidad", una nómina de las empresas que iban a cobrar ese mes los certificados de obras viales, había llegado.

Así funcionó Vialidad de la mano de la voluntad de "Josecito" o "Lopecito". Imperó como en otras áreas del Estado, la discrecionalidad absoluta. "La Superioridad" autorizaba continuamente el destino de los millones de la obra vial a quienes él quería.

Todo en tiempo récord. A principio de mes llegaba la nómina. Según pudo reconstruir LA NACION en un caso testigo, de los que había decenas por mes, el 9 de noviembre del año pasado, se inició el expediente, obviamente, con la debida mención. Un día después, una oficina de Vialidad confeccionó el importe sobre la base de un cálculo de intereses reclamados. A Khant y Costilla, una empresa perteneciente al grupo Austral Construcciones, conglomerado manejado por el ahora detenido Lázaro Báez, se le certificaron alrededor de 401.000 pesos. Tres días más tarde, el 13 de noviembre, se efectuó el pago.

"Josecito" o "Lopecito" o "La Superioridad" había iniciado la maquinaria de millones y corrupción apenas unos días antes con la confección de la "lista de la felicidad". En poco menos de dos semanas estaba el pago en ventanilla mientras decenas de constructores tenían retrasos en sus pagos de hasta un año calendario. La premura en los desembolsos fue el motivo por el que aquella anomalía discrecional tomó aquel nombre.

La gran mayoría de los constructores viales esperaba en vano ser incluida en la nómina encantada. Pocos lo lograban, a tal punto que Vialidad tenía una enorme deuda con sus contratistas. A fines de diciembre, cuando la nueva administración que lleva adelante Javier Iguacel terminó una auditoría, se acumulaban 1000 millones de dólares de deuda. Existían 930 proyectos adjudicados, la mayoría de ellos paralizada por falta de pago.

Las licitaciones no eran tales. Más bien eran una suerte de puesta en escena en la que todos sabían antes de empezar quién iba a llevarse tal o cual obra. Los constructores viales bien podrían haberse ahorrado el pegamento para sellar el sobre durante la gestión de López. "La Superioridad" ya había tomado decisiones por ellos.

Pero como es común en gran parte de toda estructura recaudatoria, siempre hay un jefe más. Cuentan en los pasillos de Vialidad Nacional que López no tenía el más mínimo aprecio por Báez. Sucede que "Lopecito" sentía también el rigor de una suerte de superior. Así lo trataba y lo destrataba su ahora vecino de celda en Ezeiza, el mandamás de Austral Construcciones.

Había un elenco estable en el listado de cobro que enviaba López a las oficinas de Diagonal Sur, allí donde funciona el corazón vial del país. La gran mayoría de las veces, el imperio Austral Construcciones y todas las empresas relacionadas con Báez se llevaban los primeros puestos. Mes a mes se repetían.

Obviamente, la inclusión en el listado le otorgaba un tratamiento especial en los plazos de pagos de Vialidad. Por poner un ejemplo, en 2012, el promedio de tiempo desde que las empresas presentaban su certificado de obra hasta que cobraban era de 210 días. En ese año, el pago que se hizo más rápido fue en 48 días. Este universo, claro está, excluye al grupo Austral. Aquellos 210 días de espera en el caso de Báez eran 69 y el mínimo de tiempo fue de 14 días.

Otra constructora que siempre estaba en los primeros lugares del listado era Rovella y Carranza, una de las empresas sobre la que la Justicia va a tener que poner la lupa. Algún expediente que recopila antecedentes ya se acumula en al menos una repartición oficial. Dicen que las manchas que le salieron en la piel a Austral Construcciones llevaron a que muchas obras se canalicen por Rovella Carranza. Otro perfil público, al menos. Son varios los que revisan aquellas preferencias.

Cristóbal López con su constructora CPC era otro de los habituales beneficiados. Hay quienes dicen que la relación entre López, el escondedor de dólares en conventos, y el otro López, el dueño de casinos, era óptima. Pero hay más. En el Norte hay tantas sorpresas como en el Sur. Por ahora las provincias norteñas están en segundo plano respecto de lo que se conoce en materia de obra pública en la Patagonia sur. Sólo bastará un viaje de algún fiscal para conocer trapisondas similares pero más tropicales. Vialidad hizo de las suyas en el Norte también, y, obviamente, en Tucumán, el lugar donde se crió "La Superioridad", que ahora trata de pasar por loco.