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21 de noviembre de 2017
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Hallazgo de película: barcos intactos en el fondo del Mar Negro
Son más de 40 y los encontró una misión científica de una universidad europea. La razón por la que se mantuvieron intactos en varios siglos
25 de diciembre de 2016
Una misión internacional que estudiaba en el Mar Negro los efectos del cambio climático descubrió 41 naves hundidas a lo largo de diez siglos, en excelente estado. El Mar Negro, encerrado entre lo que hoy es territorio de Turquía, Bulgaria, Ucrania, Moldavia, Georgia y Rusia, sirvió de conducto para un fluido intercambio de bienes y productos de imperios poderosos, acaso también para contrabandear esclavos.

De vez en cuando, un barco se venía a pique en medio de una tormenta, como no podía ser menos. Y no se sabía más nada de su suerte o la de sus tripulantes.

La madera se degrada rápido en el agua salada, pero el fondo de este mar tiene una química especial que permite la conservación de la materia orgánica.

Es así como en su lecho, muchas de estas naves están perfectamente conservadas, como si fueran un libro abierto de una historia que va desde el siglo IX hasta el siglo XIX.

Hasta ahora nadie había visto los barcos hundidos en el Mar Negro. Ni nadie esperaba verlos tampoco. Pero una expedición internacional organizada por la Universidad de Southampton, de Inglaterra, por casualidad, descubrió a 41 de ellos y los fotografió con una precisión tan increíble que provoca la piel de gallina.

En realidad, la misión científica buscaba otra cosa: estaba concentrada en los procesos derivados del cambio climático. Quería averiguar cuán rápido el Mar Negro, que durante la era de hielo había sido simplemente un lago, se llenó de agua. La pregunta es muy pertinente, ya que parte del territorio de lo que hoy es Bulgaria quedó cubierto bajo las aguas. En un mundo con temperaturas cambiantes, con la rápida desaparición de glaciares en las montañas, en la Antártida y en Groenlandia, es bueno saber cuánto tiempo queda para pensar en un plan B en zonas costeras. Hace 12 mil años, cuando el agua inundó este espacio geográfico, el agua salada del Mar Mediterráneo se expandió debido a la mayor temperatura terrestre, cruzó lo que hoy se conoce como el estrecho del Bósforo e invadió el Mar Negro.

Resultado de ello, es que este cuerpo de agua tiene esta química tan especial: en su capa superior tiene el oxígeno que acarrean los grandes ríos de Europa que allí desembocan. Pero, en el fondo, no existe este elemento. En condiciones de anoxia (falta de oxígeno) no hay vida. Y la materia se preserva, no se oxida.

La expedición llevaba unos chiches fabulosos para poder mapear el suelo marítimo. Dos vehículos súper potentes, equipados con unas cámaras 3D de alta resolución, que permiten hacer la recomposición de la superficie explorada con esos detalles mínimos. Uno de estos bichos mecánicos, se llama Surveyour Interceptor, y puede viajar a una velocidad mucho mayor que un vehículo submarino convencional. Lleva instrumental geofísico, luces, cámaras de alta definición y un escáner láser.

Parece salido de una película de ciencia ficción. Durante el curso de la investigación, logró descender a una profundidad récord de 1.800 metros, a una velocidad sostenida de más de 6 nudos, logrando recorrer una distancia de 1.250 kilómetros. La expedición estaba trabajando con un objetivo totalmente distinto cuando, de repente, empezaron a aparecer los barcos como grandes flores en el lecho marino, como una sorpresa enviada desde el fondo de la historia. A bordo de la nave científica Stril Explorer, viajaba el profesor Jon Adams, fundador y director del Centro de Arqueología marítima de la Universidad de Southampton, que se dedica a recorrer el mundo en busca de misiones que parecen imposibles.

“Estábamos esforzándonos por responder algunas preguntas muy calientes sobre cuándo aumentó el nivel del agua, cuán rápido lo hizo y qué efectos tuvo en las poblaciones humanas que vivían en esta parte de la costa de Bulgaria en el Mar Negro. Y ese era el foco primario del proyecto: llevar adelante estudios geológicos para detectar antiguas superficies terrestres enterradas en el actual lecho marítimo, tomar muestras, caracterizarlas y ubicarlas en el tiempo, y crear una reconstrucción paleo ambiental de la prehistoria del Mar Negro”.

Y, en eso, aparecieron los tesoros hundidos. “Estos barcos fueron un premio extra, pero a la vez, un descubrimiento fascinante con el que nos topamos mientras realizábamos nuestros estudios geofísicos. Están asombrosamente preservados por las condiciones de anoxia que tiene el Mar Negro por debajo de los 159 metros”, indicó Adams. “Usando la última técnica de grabación en 3D para estructuras sumergidas, hemos logrado capturar unas imágenes increíbles, sin perturbar el lecho marino. Ahora somos uno de los mejores exponentes en el mundo de esta práctica metodológica y ciertamente nadie antes había conseguido modelos tan completos de barcos hundidos a estas profundidades”, agregó, en una nota publicada por la revista Viva.

De las 41 embarcaciones halladas, hay barcos que datan del año 800, cuando el imperio Bizantino dominaba la región. Pero también había naves despachadas por sultanes y mercaderes otomanos. Los navegantes venecianos eran asiduos comerciantes en esta zona, así que también fueron víctimas de sus feroces tormentas. Hay barcos que corresponden al siglo XIV, otros a los siglos XVI y XVIII. El más reciente es del año 1800. Los arqueólogos pueden descifrar en qué momento y de dónde partió un barco analizando los estilos de la cerámica de las vasijas, el tipo de ancla que llevaban o de su mástil.

“Sabemos que los italianos eran prominentes comerciantes en el Mar Negro durante el Medioevo, pero ver un navío del tipo que hubiera sido perfectamente reconocido por Marco Polo es algo muy impresionante”, señaló el profesor Adams. No menos impresionante es la técnica utilizada para mostrar al mundo estos tesoros sumergidos. Se armaron composiciones combinando miles de fotografías, utilizando un software de fotogrametría (técnica para obtener mapas y planos a través de fotos) en 3D. Esto que permite reconstruir un completo modelo digital que, a su vez, puede ser manipulado y estudiado desde distintos ángulos.