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Violencia en España por intento de secesión de Catalunya
La policía reprimió las protestas y el gobierno catalán denuncia que hay más de 750 heridos. Hubo enfrentamientos entre agentes y votantes en inmediaciones de las escuelas
1 de octubre de 2017
El intento secesionista de los catalanes terminó en represión y con cientos de heridos.

Miles de personas votaron en el polémico referéndum de autodeterminación en Cataluña pese a los esfuerzos de la Policía por impedir el acceso a los locales electorales y el voto en la consulta no autorizada por la Justicia. Las actuaciones de la policía para impedir a los ciudadanos votar en el referéndum unilateral de independencia en Cataluña dejaron hoy 761 heridos de diversa consideración, aseguró la Generalitat, el gobierno catalán.

El vocero de la Generalitat, Jordi Turull, pidió a los heridos que denuncien los incidentes ante los Mossos d'Esquadra, la Policía autonómica de Cataluña.

En la misma comparecencia, el responsable de Exteriores de la región, Raül Romeva, anunció que el Gobierno catalán "iniciará contactos con la Unión Europea (UE) por vulneración de derechos fundamentales".

La Policía tenía orden de impedir que se votara en la consulta, suspendida por el Tribunal Constitucional y considerada ilegal por el Gobierno central de Mariano Rajoy.

En una comparecencia previa, el jefe del Gobierno regional de Cataluña, Carles Puigdemont, acusó a las fuerzas de seguridad españolas de "brutalidad" y "violencia injustificada".

"Es una acción injustificada e injustificable", dijo. "Ante la violencia injustificada, las porras, las balas de goma... urnas, papeletas y colegios, la imagen del estado exterior ha llegado a unas cuotas de vergüenza que les acompará para siempre", añadió.

A las 9, hora en la que debía comenzar la votación en el referéndum catalán, los cascos negros de la Guardia Civil avanzaron entre las personas que esperaban la apertura de las mesas en la escuela Infant Jesús de Barcelona, con la intención de prohibir que se lleve adelante la consulta popular que el gobierno nacional considera ilegal. Hubo forcejeos, una señora mayor fue herida en la cabeza y un hombre fue traslado en ambulancia, víctima de un ataque de epilepsia.

“Si llegan a querer entrar, todos nos tomamos de los brazos y nos tiramos al piso, así no podrán pasar”, era la consigna que circulaba entre la gente esperando la llegada de la Policía. “El objetivo no son las personas que libremente se han acercado a expresar su opinión sino el material electoral. -aseguraba mientras tanto Enric Millo, delegado del gobierno nacional en Cataluña-. Pedimos colaboración. Nos vemos obligados a hacer lo que no queríamos hacer. Queda mas claro que nunca que todo es un engaño, una farsa, un fraude”.

En esta escuela jesuita -donde le toca votar a Artur Mars, que fue presidente de la Generalitat entre 2010 y 2016-, algunas personas pasaron la noche en vela custodiando que hoy se pudiera votar. Pero la mayoría de la gente comenzó a llegar a las cinco de la mañana.

Como en una caza al tesoro, la cuenta de Twitter del referéndum Garantim Refrenédum (Garantizamos el referéndum) pedía a la gente concentrada en los colegios electorales que no informaran sobre la llegada de urnas. “Si el material electoral ha arribado a vuestro centro no le den difusión. No demos pistas”, advertían.

Aquí, sobre el carrer de l’Avenir, los organizadores de la votación en esta escuela habían comenzado a convocar a los posibles votantes de las mesas 65, 66 y 67 a las 8:30. “Les pedimos que luego de votar se queden. Hay que evitar que se confisquen las urnas”, dijeron. Media hora después, cuando llegó la Guardia Civil, los más audaces empezaron a corear, en catalán: “Sin armas no sois nada”. Antes del horario de inicio de los comicios y mientras el Ministerio del Interior aseguraba que la policía y la Guardia Civil cumplían las órdenes judiciales y retiraban material electoral, el vocero de la Generalitat de Cataluña, Jordi Turull, anunciaba que “para todas aquellas personas que no puedan votar, abriremos un sistema que permitirá hacerlo en cualquier punto de votación. Toda persona que tenga un pasaporte o un documento de identidad podrá votar. En cada mesa hay un sistema para consultar el censo universal, un sistema electrónico que complementará al habitual. Esto hará que el proceso sea más lento pero permitirá la votación.”

“Han confiscado 9 millones de boletas y 1,5 millones de sobres. Estamos vigilados por drones. En estas condiciones, no podemos hacer el referéndum que hubiéramos querido pero sí se hará -agregó el ministro de Relaciones Exteriores de la Generalitat, Raül Romeva-. Por eso, donde no haya sobres, se podrá votar con la boleta doblada. Habrá boletas en todas partes. En caso que alguien quiera traerla desde su casa, también se podrá utilizar”. “Es la primera vez en la historia en todo el mundo que a 45 minutos de iniciar la votación se cambian las reglas de juego -respondió Millo-. Sin sobres, que es lo que permite garantizar una sola boleta por cada votante y que el voto sea secreto, se elimina el voto secreto o se permite el voto múltiple. Esto confirma que el estado de derecho ha desmontado el referéndum.”

Las organizaciones independentistas Asamblea Nacional Catalana, Òmnium Cultural y la plataforma Escoles Obertes, por su parte, admitieron ayer: “Somos conscientes de que puede ser difícil que haya una alta participación” debido a la ofensiva policial. Y se animaron a dar un número lejano de sus expectativas iniciales: “Un millón sería un éxito desbordante”, dijo Jordi Sànchez, presidente de la poderosa Asamblea Nacional Catalana. “La independencia ya ha ganado”, había declarado el presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont a las 7:30 de la mañana, cuando en los centros de votación reinaba la calma y el fervor por una jornada electoral que para muchos catalanes se presentaba como histórica e inolvidable. Lo dijo antes de saber que, en algunas escuelas, la Guardia Civil ingresaba a llevarse urnas y a cortar el acceso a internet para invalidar el sistema informático montado para permitir la votación en cualquier centro abierto. Un gesto más para hacer naufragar el referéndum que hoy podría decidir el destino de Cataluña.