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Cristina Kirchner controlará los principales resortes del Estado
La futura vicepresidenta no sólo eligió a dedo a Alberto Fernández, sino que colocará gente suya en ministerios clave, en la ANSeS y su cuantiosa caja, y en la AFIP, el organismo que conoce los secretos fiscales. Además, el Congreso
1 de diciembre de 2019
Por José Calero

¿Volverá el intento de concretar el 'vamos por todo' que alguna vez buscó, sin éxito por suerte para la Argentina? Sería una interesante pregunta para hacerle a la futura vicepresidenta Cristina Kirchner.

El Gobierno de Alberto Fernández no sólo nace condicionado porque sus votos fueron delegados por quien ahora será su vice, algo inédito en la historia política mundial.

La frase "el gabinete lo armo yo, no Cristina", que alguna vez lanzó el futuro presidente, siembra muchas dudas y se comprueba falsa.

En el Gabinete estará Wado de Pedro como ministro del Interior, un delegado de hierro de la vicepresidenta, y en la Procuración del Tesoro asumirá Carlos Zannini, alter ego de Cristina a quien puso en 2015 como compañero de fórmula de Daniel Scioli, en una jugada para subordinar al ex gobernador, como si hiciera falta más, que no alcanzó para retener el poder. Ganó Mauricio Macri, no por mucho, en un balotaje.

En la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof responderá directamente a Cristina, y es dudoso hasta dónde llegará su respaldo a Alberto Fernández en caso de armarse un litigio entre Nación y el principal distrito del país.

Para dar otra muestra de hasta dónde llegará su manejo del poder, Máximo Kirchner será el jefe del bloque unificado de Diputados entre peronistas y kirchneristas.

Tal vez por eso Alberto sobreactúa su "kirchnerización", luego de que la influencia de la Kirchner salió del Congreso para instalarse en algunos temas centrales del momento previo a la asunción de Fernández.
El futuro presidente salió a pedir la liberación de los "presos políticos". Lo que en realidad reclamó es que la Justicia no avance sobre las causas que todavía inquietan a Cristina, no tanto por ella o por Máximo, que tienen fueros y cobertura política, sino por su hija Florencia Kirchner, quien mantiene un tratamiento interminable en Cuba, blindada ante cualquier embate de algún juez argentino.

Si se repasa el listado de esos 'presos políticos', aparece Julio De Vido -ex amo y señor de la obra pública por mandato de Cristina y conocido por su apodo "celular"-, que está por cumplir 70 años y tiene la posibilidad de pedir una prisión domiciliaria.
Su vice en el segundo mandato, Amado Boudou, es difícil (¿?) que salga de la cárcel, porque tiene condena ratificada en segunda instancia, aunque, atención, no está firme.
Otros detenidos son Roberto Baratta -el capo de las recorridas en busca de bolsos por las principales empresas de la Argentina según consta en los cuadernos de las coimas que el kirchnerismo siempre buscó ningunear por conveniencia propia-, Ricardo Jaime, José López (el revoleador de bolsones) y Luis D'Elía, entre otros.

En este contexto, se limpió de un plumazo la idea de que Cristina y su hijo Máximo fueran a 'reinar' sólo en el Congreso, mientras que el Poder Ejecutivo iba a ser un escenario exclusivo para Fernández. Alberto lo intentó instalar, pero le cortaron las alas rápido. Deberá conformarse, al menos figurará como presidente.

Lo concreto es que hay varios funcionarios del elenco de Fernández que han sido puestos por doña Cristina.
El ministro del Interior, responsable de la relación estratégica con los gobernadores, será Wado de Pedro, un hombre de La Cámpora y de máxima confianza de la futura vice.

El poder que tendrá De Pedro quedó muy claro cuando Alberto F. narró, en algo que al principio pareció gracioso y luego desembocó en patético, la forma en que el futuro ministro del Interior lo encaró antes de que se anunciara que sería el candidato presidencial.

Como si Alberto fuese un empleado, le preguntó: "¿Qué cargo querés?". A lo que el futuro presidente respondió: "La embajada en España". Días después se enteraría que encabezaría la fórmula presidencial, gracias al dedo de Cristina. No es invento, lo contó con gracia el propio futuro presidente.
Hay otras designaciones en cargos muy importantes y estratégicos, aunque no sean ministerios, dispuestas por Cristina y aceptadas por Alberto con resignación.

El procurador del Tesoro será Carlos Zannini (para justificarlo Alberto dijo que se trata de una "reivindicación" para este híper kirchnerista que estuvo tiempo en la cárcel por el indefendible pacto con Irán).

Hombre de la más estrecha confianza de Cristina, Zannini fue secretario Legal y Técnico durante los doce años del kirchnerismo, es decir, el cerebro detrás de todas las leyes destinadas a consolidar el poder.

Cristina también decidió que Alejandro Vanoli, ex presidente del Banco Central, controle la principal caja de financiamiento político que tiene el Estado: la ANSeS, un organismo que siempre fue una obsesión para el kirchnerismo, ovimiento que reinvindica el manejo del dinero público al servicio de la consolidación de la hegemonía política.

Mercedes Marcó del Pont, ex presidenta del Banco Central cuando rigió el cepo cambiario, estará a cargo de la recaudación impositiva, al frente de la AFIP.
No solo significa recaudar impuestos en la Argentina, sino también controlar la principal caja de secretos fiscales de cualquier país, datos que Néstor Kirchner utilizó con maestría maquiavélica mientras estuvo vivo.
Así, la Argentina se encamina a otra experiencia política donde Cristina Kirchner será ama y señora de la mayoría de las decisiones estatégicas.