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Argentina y el dilema de llorar y luego reír
La Selección de Lionel Scaloni está mostrando las "dos caras de la Luna", con angustia y sufrimiento, pero también con emoción y coraje. Nombres propios en facetas casi heróicas y momentos que ya quedan grabados a fuego en el hincha albiceleste
8 de julio de 2026
Por Adrián Taccone, para Asteriscos.tv
Pasamos muchas horas, días, semanas, meses y años escribiendo miles de historias, algunas buenas, otras no tanto, pero lo que nunca podemos dejar de lado es la emoción ante un espectáculo tan atrapante e incierto como es un partido de fútbol, y más si de un Mundial se trata y sobre todo con el aditamento de la Selección argentina.

Porque la realidad es que luego del primer gol de Egipto -por parte de Ibrahim Ateya a los 15 minutos- las dudas aparecieron en el horizonte, Messi falló el penal, gran atajada de Mostafa Shobeir, y todo parecía cuesta arriba.

Argentina no tuvo grandes pasajes de fútbol, y Egipto ser refugió muy bien. Los nubarrones aparecieron nuevamente con el gol de Mostafa Ziko, para el 2 a 0, aunque previamente el VAR salvó a los albicelestes.

Quien podría predecir que en los últimos 15 minutos de partido la historia, esa que nunca puede escribirse hasta el pitazo final, iba a dar un vuelco inesperado, por enjundia, por amor propio, por calidad, por peso especìfico...por Messi.

Póngale el adjetivo, la excusa si quiere, que desee, porque si uno quisiera encontrar las razones por las cuales el "Cuti" Romero estaba jugando de "nueve" para meter el cabezazo del 1-2, no hay explicación, aunque sí tal vez la de Messi yendo a buscar un rebote al área de un centro que él mismo ejecutó y que hizo carambola hasta llegar nuevamente a su pie izquierdo para decretar el transitorio empate.

Alguien, creo que ni el propio Martin Scorcese o el mítico Steven Spielberg, hubiera imaginado que Julián Alvarez le iba a arrebatar el balón a Mohamad Salah y ponga a correr a Lautaro Martínez, quien además ejecutó de manera magnífica un centro a la cabeza de Enzo Fernández, quien no había tenido un partido descollante, y de esa manera decretar la remontada épica que todos vimos.

El gen argentino es muchas veces lo que se vio en el estadio "Mercedes Benz" de Atlanta. Un equipo sobrepasado por las adversidades y hasta el propio rival y en medio de esa propia madeja interna poder encontrar un resquicio que le permita ver la luz al final del camino.

Seguramente debimos pasar tantas angustias para poder disfrutar este presente. El juego del equipo no aparece en la dimensión que los hinchas quisieran, pero entrega estas dosis de adrenalina que permite seguir manteniendo las esperanzas, ya no de un bicampeonato, sino de saber que el creer es poder y que nunca nos va a dejar tirados al costado del camino.