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En la Ciudad, 6 de cada 10 mujeres sufrieron agresiones de sus parejas
Lo reveló un sondeo del Gobierno porteño realizado entre 1.800 mujeres de distintas edades y barrios
30 de diciembre de 2019
El 59% de las mujeres sufrió algún hecho de violencia de parte de sus parejas y sus ex, la mayoría de entre 18 y 49 años.

El 53% de las mujeres que sufrieron hechos de violencia por su actual pareja fue sometida a violencia psicológica, el 23% fue expuesta a violencia económica, el 21% sufrió violencia física y el 13% experimentó violencia sexual. Estos son los datos que arrojó un reciente estudio del Ministerio de Desarrollo y Hábitat de la Ciudad de Buenos Aires, junto con la Dirección General de la Mujer, el Equipo Latinoamericano de Justicia y Género y la Dirección General de Estadística y Censos, que lanzaron una publicación que forma parte de la serie En el camino de la equidad de género donde exponen información recolectada y procesada de la encuesta de situación de las mujeres que se hizo a fines de 2018.

En la encuesta participaron más de 1.800 mujeres y tuvo como objetivo relevar datos sobre los distintos tipos de violencia que han atravesado las mujeres mayores de 18 años en el ámbito doméstico y en sus trabajos. La violencia por parte de parejas y exparejas no sólo es el tipo más extendido en toda la región, según una encuesta de la Organización Panamericana de la Salud, sino que es la que puede llevar a consecuencias letales.

La encuesta se enfocó en violencia doméstica perpetrada por la pareja actual o anterior en los últimos 12 meses o alguna vez en la vida, relacionadas con cuatro tipos de violencias.

La violencia psicológica ( humillaciones, celos, aislamiento de amistades y familiares y control), violencia física (golpear, dar patadas, empujar, tirar objetos, inmovilizar y ahorcamiento), la violencia económica ( restricción de autonomía económica y sustracción de los bienes económicos o materiales), y la violencia sexual ( obligación de mantener relaciones sexuales o realizar prácticas sin su consentimiento, incluso dentro del matrimonio, manoseos indeseados y restringir su voluntad).

Los datos arrojan que, a pesar de los innegables avances en la percepción de las mujeres respecto de sus derechos y de las mejores condiciones para el ejercicio de su libertad y autonomía, la violencia hacia ellas por parte de parejas y exparejas no cesa.

A su vez, las entrevistas indican que las mujeres que tienen menor nivel educativo, están desocupadas, tienen tres o más hijos, son extranjeras, separadas, viudas o divorciadas tienen mayor vulnerabilidad. Por otra parte, las mujeres desconocen los Centros Integrales de la Mujer como posibles mecanismos de ayuda.

Los números indican que 6 de cada 10 mujeres que sufrieron algún tipo de violencia y buscaron ayuda en alguna institución, la asistencia que recibieron fue útil, mientras que cerca de 5 afirman que obtuvieron resultados en dicha búsqueda, 4 de cada 10 reportaron haber tenido que hacer muchos trámites, y 3 de cada 10 dicen que les faltó apoyo de familiares o personas amigas.

Las mujeres porteñas afirman que el uso de la violencia es inaceptable y cuestionan la subordinación de las mujeres en una relación de pareja de modo contundente. El 94% está en desacuerdo con que los varones tienen que mostrar en la pareja quién es el jefe, el 91% rechaza la idea de que una buena esposa debe obedecer a su pareja aunque no opine de la misma forma que él, y el 84% no comparte que las mujeres que trabajan descuidan a sus hijos.

Para las mujeres de la Ciudad, parecería que está claro que las relaciones de género se han transformado y que actitudes de ciertas masculinidades que eran consideradas normales ahora no son aceptables.

Sin embargo, eso no quiere decir que las mujeres encuestadas adhieran a que la violencia en las parejas, como problema social, deba abordarse en la esfera pública. El 50% de las entrevistadas está de acuerdo en conversar los problemas familiares con terceros, pero el 45% no coincide con esta afirmación, lo que implica un importante grado de reserva frente a las violencias conyugales. Este dato pondría en tensión y reflexión la vigencia y aplicación de políticas públicas para prevenir, abordar y desarmar esas violencias.