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29 de junio de 2022
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El fútbol se queda afuera del negocio de las apuestas
Pese a que cada vez hay más apostadores, los clubes no reciben centavo alguno por esa máquina multimillonaria. Los detalles que asombran
22 de mayo de 2022
Las apuestas online son un negocio en alza. Y el fútbol crece en ese universor que mueve millones. Pero los equipos de fútbol se quedan afuera sin comer ni una rebanada de semejante torta.

Es que tras una serie de negociaciones fallidas, y pese a que el universo de apostadores se inclina cada vez más por el deporte que adoran los argentinos, los clubes la ven pasar.

El fútbol argentino se sumó a la tendencia mundial de las apuestas online y nuevas empresas a la caza de apostadores estampan sus logos en las camisetas de varios clubes de primera división e invierten millones en vallas publicitarias dinámicas y spots en las transmisiones de los partidos.

Un nuevo boom que, hasta hace unos años, iba a ser una fuente inagotable de ingresos que superaría, incluso, a esa vaca lechera llamada televisión. Sin embargo, salvo los contratos particulares de sponsoreo, los clubes todavía no reciben un centavo. Una de cada dos apuestas deportivas online realizadas en Capital y Gran Buenos Aires involucra al fútbol argentino. La industria espera para este año una facturación bruta de entre 50 y 60 millones de dólares, según fuentes del sector.

Para 2026, y con un mercado mucho más maduro, la proyección de ingresos trepa hasta los US$ 155-160 millones, con una mayor preponderancia de los deportes, que hoy pierden contra las modalidades instaladas hace años: el póker o los tragamonedas (slots).

La radiografía del apostador online habla, en general, de un hombre de entre 25 y 40 años. De ahí que las empresas con licencia en Capital Federal y la provincia de Buenos Aires, los dos mercados más importantes del país, hayan decidido invertir en sus ramas deportivas. Las compañías, que en otros países destinan enormes sumas de dinero para estar presentes en las camisetas de los equipos o incluso para transformarse en sponsors principales de los torneos, están convencidas de que el fútbol será un catalizador de apuestas en los próximos años. Y que de aquí a unos años, siete de cada diez apuestas online tendrán que ver con la pelota.

Del Prode bancado a la nada misma

Entre 2006 y 2014, Julio Humberto Grondona, número 1 de la AFA y número 2 de la FIFA, rebautizó el negocio que buscaba crear como “Prode bancado”. Consciente de que ya había agotado a esa vaca lechera llamada televisión, pregonó a quien quisiera escucharlo que las apuestas eran el futuro. Hubo, incluso, un contrato entre la empresa Santa Mónica, que tenía la explotación comercial de la AFA y Casino Club, la compañía del empresario patagónico Cristóbal López (de fluida relación con la Casa Rosada), que quedó en la nada.

En ese 2014, cuando un aneurisma de aorta se llevó la vida de Grondona, los ingresos estimados por el Prode bancado les volaban la cabeza a los dirigentes de los clubes: proyectaban recaudar alrededor de 500 millones de dólares al año. Con las apuestas como meta, se creó el nuevo y multitudinario torneo de 30 equipos. La idea era simple: si todas las grandes ciudades del país tenían al menos un club en primera división, los grandes centros urbanos se convertirían en polos de atracción para los apostadores. Y dinero fácil para repartir entre todos.

Pero sin el liderazgo de Grondona, el fútbol argentino no pudo (no supo) cerrar el trato.

La gestión de los juegos de azar se descentralizó y pasó a estar en cabeza de cada una de las provincias. Así, en lugar de hacer lobby con el Gobierno nacional para recibir su parte del negocio, los clubes (o quien los representaran) debían juntarse con los gobernadores. Ocho años después del fallido Prode bancado, aquella orfandad de los clubes se repite. Y, también, algunos jugadores del negocio. Por su cantidad de habitantes, la Ciudad de Buenos Aires y el territorio bonaerense son los dos principales mercados de las apuestas online.

La primera división del fútbol argentino (en ese entonces, Superliga Argentina de Fútbol, SAF) paró las orejas. Los dos principales mercados de apuestas del país se unían y nadie había hablado con los clubes. Ni siquiera informalmente. Era hora de ponerse a trabajar. Así, a comienzos de 2019, los clubes de la máxima categoría le encargaron al estudio Bruchou y Asociados (el mismo que había intervenido en la licitación de los derechos de TV, adjudicados a Fox y Turner en 2017) que investigara el asunto de las apuestas online y la eventual obligación de las empresas de apuestas por internet de pagarles un canon a los clubes. Luego de analizar diferentes elementos y de comparar el caso argentino con lo que ocurre en otros países, el bufete de abogados contratado por la Superliga concluyó que existía “una base jurídica suficiente sobre la cual la Superliga podría fundar y reclamar su participación en el Sistema de Apuestas”.

Así, los clubes tenían derecho a reclamar su tajada en el negocio. Más aún cuando Brasil, cuyo torneo de primera división es el más importante de la región, había sancionado una ley (la número 13.756) que obligaba a asignar “el 22% de la recaudación para las entidades deportivas que ceden los derechos de uso de sus denominaciones, sus marcas, sus emblemas, sus himnos o sus símbolos para divulgación y ejecución del concurso de pronóstico específico”.

Con todos los argumentos en la mesa, los asesores legales recomendaron a la Superliga que iniciaran las negociaciones con los entes reguladores del juego en CABA y Provincia: Lotería de Buenos Aires (Lotba) y el Instituto Provincial de Loterías y Casinos, respectivamente.

“¿Cuánto pensábamos recaudar? No teníamos el número exacto, pero sí una referencia. La provincia de Buenos Aires y la Ciudad tenían en el presupuesto que aprobaron en 2019 para 2020 el ingreso que pensaban recaudar por el juego. Eran cerca de $6000 millones. Con llevarnos $200-$300 millones estábamos hechos. Para nosotros era una fortuna: duplicábamos nuestros ingresos anuales por sponsoreo”, recuerda una fuente de la Superliga (hoy Liga Profesional).

Traducido: el juego online en Capital Federal y Provincia equivalía en dinero a todo lo que la Liga recaudaba por sus contratos publicitarios en un año. En cifras de 2022, ese valor estimado trepa hasta los $500 millones, que es lo que factura la Liga Profesional gracias a todos sus auspiciantes sumados.

En agosto de 2019, entonces, la Superliga acudió a la puerta de Capital y Provincia para reclamar por lo suyo. “Solicito que se abstengan de crear u organizar cualquier juego de azar o sistema de apuestas de cualquier tipo y bajo cualquier modalidad que estuviera relacionado directa o indirectamente con las competiciones oficiales de fútbol de Primera A, como asimismo de conceder licencias o autorizaciones para su explotación o gerenciamiento, haciendo expresa reserva de los derechos que le corresponden a la entidad que represento y a los clubes a ella asociados”, decía la carta documento de la Superliga, con la firma de su presidente, Mariano Elizondo, y presentada en Capital y Provincia a los organismos reguladores del juego.

Había un problema político insalvable. La Superliga estaba herida de muerte. Y las elecciones nacionales cambiarían el rumbo político del país y de la provincia. Como es costumbre, el nuevo Gobierno bonaerense, encabezado por Axel Kicillof, cambió los interlocutores con el fútbol. Y la Superliga dejó de existir a comienzos de 2020, tras un pacto entre la Casa Rosada, Claudio Tapia (presidente de la AFA) y Marcelo Tinelli (presidente de San Lorenzo y aliado de Alberto Fernández, sucesor de Mauricio Macri en el Poder Ejecutivo).

El acuerdo final, sellado en la casa de Sergio Massa (nuevo presidente de la Cámara de Diputados y ex hombre fuerte de Tigre), implicaba la salida de Elizondo y el reemplazo de la Superliga por la Liga Profesional, con menos atribuciones y un poder recortado. Era una primera división todavía independiente de la AFA, pero “menos amarilla”. Había dirigentes que tachaban a la Superliga de ser un “invento macrista”. Un apellido conocido: Angelici

Pese al signo político diferente, Capital y Provincia aprobaron sendas leyes del juego, que regulan las apuestas online. La razón de la coincidencia hay que buscarla en la pandemia y en los acuerdos de cada Legislatura. Los favores se cotizan en votos. Así, hubo cinco licenciatarios nuevos en Capital y siete en Provincia, todos con socios extranjeros, que tenían que proveer un cierto porcentaje del dinero inicial de la sociedad.

Según una investigación de La Nación, las siete compañías del exterior que operan en territorio bonaerense son: William Hill (“Argentbingo”, a cargo del Bingo Moreno), Bet365 (Bingo Berazategui y Bet365), Playtech (Casino de Tandil y Dynamo Tyche), Bplay (Boldt y 888), Betwarrior (de Binbaires e Intralot), Betsson (Casino Victoria y Grupo Bettson) y Pokerstars (Atlántica de Juegos, a cargo del Bingo de Chivilcoy y Stars Interactive Limited).

Las cinco que tienen su licencia aprobada en Capital, en tanto, son la española Codere, Jugadón (Grupo Slots y GIG), Bplay, Super7 (Grupo Ivisa) y Betwarrior. Entre los adjudicatarios hubo un jugador muy conocido por el fútbol: Daniel Angelici, expresidente de Boca, con Atlántica de Juegos. La redacción de ambas leyes regulatorias no incluyó ni una coma sobre los clubes de fútbol. Tampoco, por supuesto, les garantizó un centavo.

La guerra desatada por el sillón de Grondona entre Tapia y Tinelli también empiojó el terreno. El juego online y los ingresos de los clubes era uno de los 16 temas en una agenda de trabajo conjunta entre la Liga Profesional y la AFA. La pandemia, es cierto, minimizó los encuentros reales. Se acumularon los asuntos pendientes y nadie dio el puntapié inicial. “Nadie estuvo a cargo. No se hizo nada. Elizondo lo intentó e hizo gestiones. Lo pasaron por arriba”, se lamenta un dirigente de la primera división que sabe de memoria el perjuicio que significa para los clubes no recibir una sola moneda del juego. “Están aprobadas las licencias de apuestas deportivas en CABA y Provincia. No hay legislación en la Argentina que permita a un club exigir por el uso de su nombre. Los millones que pensaban recibir forman parte de su imaginación”, responde una fuente de la AFA ante la consulta de la nacion sobre el tema.

Sin un centavo por la utilización de sus nombres y sus escudos, el único derrame positivo para los clubes es la exposición de las casas de apuestas en sus camisetas. La española Codere, por ejemplo, está en las mangas de River y desde agosto será su main sponsor. Según fuentes del mercado, la empresa pagó US$2 millones por la temporada 21-22 y por las restantes tres, con mayor exposición, abonará 3,5 millones. Casino Club, la empresa de Cristóbal López, es el main sponsor de Rosario Central y Newell’s, los dos clubes rosarinos. Y Bplay, el portal de apuestas virtuales de la empresa Boldt, auspicia a Estudiantes y Vélez. Además, la compañía tiene un banner en la web oficial de Unión de Santa Fe.

Consultada una de las compañías que tiene licencia en Capital y Provincia sobre la posibilidad de entregarles a los clubes un porcentaje de la facturación bruta, la respuesta fue tajante: “No. Haríamos lo que se hace en todo el mundo y ya funciona: firmar contratos de sponsoreo con los diferentes clubes, ajustándolos a la realidad de nuestros ingresos”. La visión de esa compañía parece ser la dominante en una industria que recién nace y ya planifica millones. Los clubes, actores principales del espectáculo, son meros espectadores cuando llega el momento de repartir los beneficios.