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19 de julio de 2024
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El conurbano, último refugio para un kirchnerismo en crisis
Las derrotas sufridas en distintos puntos de la Argentina reflejan hasta qué punto ese movimiento político llega a su fin tras 20 años de tener fuerte injerencia sobre el poder. Qué hará Kicillof
18 de septiembre de 2023
El kirchnerismo, nacido casi como una casualidad -el candidato de Duhalde era Reutemann, pero se negó y recayó en Néstor Kirchner- en los traumas que todavía vivía la Argentina en el 2003, está dando su últimos pasos, según lo indican los resultados electorales de distintas provincias, cuyo foco más actual es la derrota en el Chaco.

Las derrotas encadenadas en seis provincias -perdió el control de Santa Cruz, Chubut, San Juan, San Luis, Santa Fe y ahora Chaco- y los escasos éxitos que el Partido Justicialista obtuvo hasta acá.
Tanto en Unión por la Patria como en Juntos por el Cambio hay dirigentes que hacen ensayos sobre qué les convendría más para sus propios proyectos políticos. Aunque eso implique resignar la presidencia.

El último refugio para Cristina Kirchner, quien busca evitar caer en arresto domiciliario por distintas cuausas de corrupción, es el conurbano bonaerense, y por eso apuesta a un triunfo de Axel kicillof, aunque sea por un voto.
La populosa La Matanza sirvió de refugio para numerosos dirigentes kirchneristas durante el gobierno de Mauricio Macri.

De los pocos gobernadores que consiguieron preservar sus, provincias, solo dos tienen bastante influencia dentro del actual oficialismo nacional: Gildo Insfrán y Gerardo Zamora. El formoseño tiene 72 años, con lo que mal podría encabezar un proceso de renovación, de barajar y dar de nuevo.

El santiagueño tiene un problema de origen: no es peronista, es radical. “Ojo que estamos a tiempo de enseñarle la marcha peronista”, bromean en el kirchnerismo.

Entre los que ya ganaron este año se encuentran el pampeano Sergio Ziliotto, el riojano Ricardo Quintela y el tucumano Osvaldo Jaldo. Ninguno mueve aún el amperímetro en la interna nacional del peronismo. Se sabe, incluso, que a Jaldo siempre lo motorizó ser gobernador de Tucumán, el "rey de su comarca". Lo consiguió y con eso estaría satisfecho.

Hay otro tucumano que hasta ahora talla: el actual gobernador Juan Manzur. El mandatario fue el que organizó, hace 9 días, el relanzamiento de la campaña de Sergio Massa en Tucumán, donde se armó la postal de un peronismo unido detrás del ministro-candidato. Manzur también tiene ambiciones. Se dice que tendría una media palabra de Massa para ser su jefe de Gabinete y que pidió que le reserven el Ministerio de Salud para un hombre propio, el senador Pablo Yedlin.

En caso de que UxP no ganase la presidencial, el gobernador -se le termina el mandato el 10 de diciembre- desembarcaría en la banca que actualmente ocupa Yedlin. Intentaría usar esa vidriera para posicionarse.

Del lado de los gobernadores, el que aún queda con margen para emerger con alguna fuerza es Kicillof, que buscará su reelección el próximo 22 de octubre y viene de imponerse en las primarias bonaerenses. Algunos observan, sin embargo, que el bonaerense podría estar muy condicionado por una serie de factores. Uno central es Máximo Kirchner. El jefe de La Cámpora y presidente del PJ bonaerense le disputa al gobernador las cuotas de poder de manera continua.

Otro factor es que, pese a que sería el gobernador de la provincia más importante del país, “podría ser muy vulnerable al no contar con legisladores propios”, según interpretan cerca de un dirigente peronista con aspiraciones.

Y hay otro elemento: en caso de que la Casa Rosada esté ocupada por alguien de un color político diferente al suyo -como se espera-, Kicillof deberá concentrarse aún más en las dificultades diarias de la gestión.