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San Lorenzo disfruta su mejor momento
Por primera vez en su rica historia futbolera, el equipo de Boedo logró la ansiada Copa Libertadores que le fue esquiva por 55 años
13 de agosto de 2014
Por primera vez en su rica historia futbolera, San Lorenzo de Almagro logró finalmente la Copa Libertadores de América, al vencer 1 a 0 a Nacional de Paraguay.

En el Bajo Flores hubo festejo desbordado por el logro largamente esperado.

El triunfo llegó de la mano del mediocampista Néstor Ortigoza, quien a los 34 minutos del primer tiempo, a través de un penal.

El conjunto azulgrana consigue por primera vez en su historia la Copa Libertadores, en la primera ocasión en que juega el partido decisivo.

Sufrió como siempre, pero esta vez festejó como nunca. Después de 90 minutos terribles para jugadores e hinchas, San Lorenzo se llevó su primera Copa Libertadores de América tras vencer a Nacional de Paraguay por 1-0, después de haber igualado 1-1 hace una semana en Asunción. Néstor Ortigoza, capitalizando un penal a los 35 minutos de la primera parte, marcó el gol más importante de los 106 años de historia del club de Boedo, cuyos futbolistas sintieron miedo escénico en el Bajo Flores, pero capitalizaron la oportunidad que se les presentó y terminaron con el karma de ser el único equipo "grande" de la Argentina que no había obtenido el certamen continental.

Tanto en el "gigante" del Bajo Flores como en Boedo, miles de simpatizantes que esperaron por años este lauro, desataron su emoción cuando el brasileño Sandro Ricci decretó el final. Atrás habían quedado muchas frustraciones y los festejos prometían extenderse hasta altas horas de la madrugada del jueves.

Los jugadores azulgranas sintieron la presión en gran parte de la primera mitad y por eso el encuentro en poco se pareció al realizado siete días atrás en Asunción.

Desde el minuto inicial, los paraguayos asfixiaron al fondo local que se mostró impreciso y con muchas dudas. Como asustado. Rápidamente, los visitantes se dieron cuenta y, cuando pocos lo esperaban, se lanzaron al ataque. Casi tienen su premio al minuto y medio cuando Derlis Orué estrelló su disparo en el poste izquierdo del arco defendido por Sebastián Torrico.

Leandro Romagnoli no podía hacerse dueño de la pelota en el medio del terreno, más poblado por Nacional que ganaba en el sector y atacaba con pocos hombres pero comprometía a una defensa que no se estuvo sólida como otras noches.

Un disparo de media distancia de Silvio Torales sobre los 17 hizo enmudecer al Nuevo Gasómetro, que resucitó cuando la pelota se fue apenas desviada Y a los 28 volvió el silencio cuando un empujón con el brazo izquierdo de Santiago Gentiletti a un delantero paraguayo dentro del área dejó flotando la sensación de un penal.

Ignacio Don era un mero espectador, hasta que a los 35, tras una serie de rebotes, la pelota le quedó a Martín Cauteruccio en el flanco izquierdo del área y el delantero uruguayo sacó un remate sin destino cierto que en su camino encontró la mano de Ramón Coronel.

Un penal muy tonto que Ortigoza transformó en gol para darle un poco de tranquilidad a San Lorenzo. Sí, sólo un poco, porque ni siquiera en ventaja el Ciclón pudo hacerse dueño del juego en esa primera mitad de la que se despidió en ventaja injustamente.

El descanso les vino bien a los conducidos por Edgardo Bauza, que se tranquilizaron y nivelaron el trámite. Levantó mucho Juan Mercier, un poco Ortigoza y sobre todo el "Pipi" Romagnoli. Entonces, San Lorenzo niveló el medio y comenzó a tener más la pelota frente a un rival que intentó alcanzar el empate pero no con la actitud de un equipo que quiere ser campeón.

El elenco paraguayo buscó por la ruta de los centros y en algún momento generó temor en el área azulgrana. Como a los 37 cuando Fredy Bareiro capturó un rebote y estaba listo para fusilar a Torrico. Pero apareció en escena Gentiletti, quien desvió el disparo y lo envió al córner.

Sufrió San Lorenzo, sufrió su gente hasta el final. Los fantasmas de viejas noches negras sobrevolaron el Bajo Flores, pero esta vez no se hicieron presentes. Aguantó el Ciclón y festejó como nunca. El sueño americano se hizo realidad.