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Messi lideró a la Argentina a una victoria ansiada
1 de septiembre de 2016
Un gol de Lionel Messi condujo a la Argentina a un triunfo clave por 1-0 sobre Uruguay que le permitió a los ahora dirigidos por Edgardo Bauza llegar a la punta de la Eliminatoria sudamericana rumbo al Mundial Rusia-2018, en Mendoza.

El 10 marcó a los 42 minutos con un remate desde afuera del área que alcanzó a pegar en el defensor José María Giménez, ante 42.000 aficionados en el estadio Malvinas Argentinas.

Messi, ovacionado por la multitud, había renunciado en junio a la selección hundido en la tristeza por tres grandes finales perdidas en dos años, pero decidió volver 47 días después.

Argentina se ubica ahora primera en la tabla con 14 puntos. Uruguay, Colombia y Ecuador los escoltan con 13 puntos.

La escuadra albiceleste en la que debutó como DT Edgardo 'Patón' Bauza, quedó diezmada por la expulsión del delantero Paulo Dybala a los 45+1 por doble amarilla.

Por la octava fecha, el próximo martes, la Celeste jugará con Paraguay en el estadio Centenario de Montevideo y la Albiceleste frente a Venezuela en la ciudad de Mérida.

El duelo rioplatense fue también en el plano táctico, entre dos planteos. Bauza estrenó un 4-2-3-1 que dejó algo aislado a Lucas Pratto, el único atacante neto. El Maestro uruguayo Oscar Tabárez desplegó su habitual 4-4-2.

Se lo veía más sólido al esquema de los charrúas. Una conjunción de gladiadores defensivos comenzaba en la firme dupla central Diego Godín-José María Giménez. Se extendía a la barrera de volantes con Carlos Sánchez, Egidio Arévalo Ríos y Mathias Corujo. Luchadores disciplinados e infatigables.

El amenazador binomio ofensivo lo formaron Edinson Cavani y Luis Suárez. Pero era el Pistolero Suárez el verdadero factor de desequilibrio. El hombre que en una baldoza podía fabricar un hueco hacia el arco, el que podía perforar una zaga argentina cuyas columnas eran Ramiro Funes Mori, Lucas Biglia y Nicolás Otamendi.

La magia desequilibrante con la camiseta blanca y celeste nacía de los botines prodigiosos de Messi. Cada vez que entraba en acción se encendía el partido, ganaba en una dinámica de vértigo.

El dilema de Messi era que la nueva versión de la era Bauza presenta menos ensamble, menos juego asociado. Hay mayor preocupación por cerrar espacios y no perder el orden que prender el fuego de la imaginación.

No fue raro que el gol fuera una maniobra individual. Una con la marca indeleble de la Pulga. Amagó y cambió de perfil dos veces rodeado de cuatro rivales. Sacó uno de sus sablazos rasantes, el balón se desvió en Giménez y descolocó al arquero Fernando Muslera.

La expulsión de Dybala cambió los parámetros del juego. Argentina pasó a compartir el protagonismo. Era el dueño de la pelota pero con serias dificultades para quebrar el candado uruguayo. Ahora Uruguay abría sus alas. Pasaban al ataque laterales y volantes. Adelantaba posicionalmente sus líneas unos 20 metros.

Los arqueros no pasaban mayores apuros. Ángel Di María lucía muy acorralado contra las bandas, sin hallar socios para meter sus piques demoledores. Al volante uruguayo Nicolás Lodeiro se lo veía más preocupado por la contención que por la ruptura de las líneas enemigas.

En reacción, retrocedió unos metros Javier Mascherano. El veterano volante había brillado con sus asistencias. Ahora la Albiceleste precisaba compensar con bloqueos la ausencia de un mediocampista de buen manejo para la pausa y la penetración.

Así crecieron las figuras de Godín, Mathias Corujo y el ingresado Cristian Rodríguez para lanzarse al ataque, a puro temperamento. Argentina no renunciaba al ataque e incluso arriesgaba con las proyecciones del lateral Emmanuel Mas. Uruguay arrinconó a los albicelestes, pero sin claridad.