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El Gobierno toma medidas de prevención contra posible ataque terrorista
Un ex prefecto argentino habría entregado planos de las tres plantas potabilizadoras de agua que abastecen a Capital y Gran Buenos Aires a compradores libaneses
26 de septiembre de 2016
La ministra Patricia Bullrich analiza hace dos meses una posible amenaza terrorista: por encargo de un supuesto grupo de libaneses, un ex prefecto con antecedentes penales habría obtenido y vendido los planos de las tres plantas potabilizadoras de agua que abastecen a la Capital y el Gran Buenos Aires.

El Gobierno mientras tanto multiplica las alertas, los operativos de inteligencia y rastreo, y los simulacros ante eventuales ataques, el ministerio de Seguridad corre detrás de cada sospecha y de cada rumor.

La información dice que hace casi un mes, el 30 de agosto, ciudadanos libaneses habrían contactado en Puerto Iguazú a Juan Carlos Bassi, un ex prefecto que fue investigado por traficar pistolas y ametralladoras a Brasil y abastecer de armas a sus familiares de Rosario, en su guerra contra los Cantero, otro clan local que dirige la organización narco "Los Monos". Por el control territorial del tráfico de drogas, ambas bandas convirtieron a esa bella ciudad en un matadero.

Juan Carlos Bassi, supuesto dueño de la armería Shooters de Puerto Iguazu, es una figura conocida para las fuerzas de seguridad, los servicios de inteligencia de Argentina, Brasil y Paraguay. Otro jalón en su foja de servicios justifica las miradas torvas sobre él. En 2003, el ex ministro de Seguridad de Néstor Kirchner, Gustavo Béliz, involucró a Bassi en la causa por el atentado terrorista a la AMIA, en 1994.

Según declaró entonces el ex funcionario basándose en la declaración de un testigo protegido, "el suministro de los explosivos para el ataque". Bassi respondió con una desmentida y una denuncia penal.

Un informante habría alertado a la Gendarmería que Bassi habría vendido los planos de las plantas potabilizadoras de agua que se encuentran en Tigre, Bernal y la Capital Federal (sobre la avenida Figueroa Alcorta) a un grupo de libaneses interesados en esos papeles estratégicos, según informó Clarín.

"Tenemos el rumor, y la Gendarmería ya trabajó en él y en un plan de contingencia para mejorar las medidas de seguridad y prevenir cualquier sorpresa. Estamos investigando, pero aún no hay información de calidad. La mesa de reunión de información terrorista no tiene nada, pero estamos muy atentos", afirmó la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich. El gobierno intenta no despertar preocupación ni mostrarse despreocupado.

Los gendarmes se habría movido rápido: hace dos semanas relevaron los puntos débiles de las tres plantas de agua, que pese a haber sido un objetivo militar en la época en que los dictadores Pinochet y Videla coquetearon con una guerra entre Chile y la Argentina, nunca reforzaron sus medidas de seguridad.

Según averiguó Clarín, ahora las recomendaciones apuntan areemplazar los cercos perimetrales de los predios cambiando alambrados por paredes, levantar la altura de los portones de ingreso, poner caballetes de metal en los accesos para impedir la entrada de vehículos no identificados a alta velocidad, multiplicar los puestos de vigilancia -y en algunos sitios reemplazar a la agencia privada de seguridad por fuerzas estatales- y también las cámaras y luces con sensores de movimiento.