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31 de octubre de 2026
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“Rapsodia bohemia”, la obra maestra de Mercury: el mejor single de la historia
La canción tiene seis partes, no tiene estribillo y esconde un sinfín de historias reales y míticas. Una obra que mantiene su vigencia y calidad
31 de octubre de 2026
Lanzado el 31 de octubre de 1975 como adelanto del cuarto álbum de Queen, A Night at the Opera (publicado originalmente en Argentina como Una noche en la ópera), “Bohemian Rhapsody” (“Rapsodia Bohemia”, por su nombre en el país) alcanzó el número uno en el Reino Unido durante nueve semanas consecutivas y vendió más de un millón de copias.

En tanto, en Estados Unidos alcanzó el puesto nueve del Billboard Hot 100. Décadas más tarde, volvería a las listas tras la muerte de Freddie Mercury, en 1991 y nuevamente en 2018 gracias al éxito de la película biográfica que lleva por nombre, precisamente, Bohemian Rhapsody.

Para Brian May, el secreto de su permanencia no está en su complejidad, sino en su autenticidad. “Era pura expresión. No había cálculo. Hicimos lo que sentíamos y eso se nota”, reflexionó recientemente.

Cincuenta años después de su lanzamiento, “Bohemian Rhapsody” sigue siendo mucho más que una canción: es un símbolo de libertad creativa, una epopeya musical que rompió todas las estructuras del rock y que, incluso para sus propios autores, continúa siendo un desafío técnico y emocional.

“No hay forma de tocarla en piloto automático. Si me distraigo, me descarrilo. Es una pieza que exige la mente completamente despierta”, manifestó Brian May, el histórico guitarrista de Queen.

Medio siglo después, la complejidad de la obra sigue imponiendo respeto incluso a sus creadores.

Si bien en términos estrictamente musicológicos la canción de Mercury no es una rapsodia en el sentido técnico tradicional (ni el álbum que luego la contuvo, Una noche en la ópera, tampoco tuvo nada que ver con la ópera sino que es un homenaje a la clásica película de los Hermanos Marx) se trata de una licencia poética que ya desde su exótico título se distingue como algo diferente.

Cuando Freddie Mercury comenzó a concebir la canción, nadie, ni siquiera en su propio entorno, comprendió del todo lo que tenía en mente.

En los primeros ensayos de Queen ya hablaba de una suerte de “ópera rock”, donde distintas voces y estilos convivían en una misma narrativa.

La banda ya había incursionado con maestría en esos rumbos en sus primeros y nunca suficientemente valorados tres discos; en temas como “My Fairy King” (Queen I, de 1973), “The March of The Black Queen” (Queen II, de 1974) o “In The lap Of The Gods” (Sheer Heart Attack, de 1974), donde ya se puede apreciar la evolución de sus armonías vocales y estructuras musicales complejas que tendrían su clímax en la popular “Rapsodia Bohemia”.

Que en realidad en un principio iba a llamarse, según reveló May, “Mongolian Rhapsody”, aunque pronto ese título fue descartado. Lo que sobrevivió fue la ambición: construir una pieza que mezclara lo teatral, lo trágico y lo monumental.

Mercury, con su sentido innato de la dramatización, escribió la letra como un monólogo interior cargado de culpa, fatalismo y humor surrealista.

El resultado fue una obra sin precedentes, dividida en seis partes: una introducción a capella, una balada de piano, un solo de guitarra, la sección conocida como operística, un segmento de rock puro y una coda final.

No hay estribillo, no hay estructura repetitiva.

Solo un viaje sonoro que va del susurro al clímax coral y regresa a la calma.

La grabación se realizó entre agosto y septiembre de 1975 en los estudios Rockfield (Gales) y en varios estudios londinenses.

El proceso fue extenuante: tres semanas dedicadas exclusivamente a las voces: Mercury, May y Roger Taylor grabaron centenares de armonías que, al superponerse, generaron un coro monumental.

El resultado final fue tan arriesgado que la discográfica EMI se mostró dubitativa en un principio a lanzarlo como sencillo: seis minutos sin estribillo parecían un suicidio comercial.

Pero Queen insistió y el DJ Kenny Everett empezó a difundirlo entero en su programa de radio.

El público lo adoptó de inmediato. Brian May sostiene que “Bohemian Rhapsody” no fue un accidente genial ni una rareza dentro del repertorio de Queen. “Para nosotros no fue una sorpresa. Ya habíamos hecho cosas complejas antes en los primeros discos. ‘Bohemian Rhapsody’ fue simplemente otro paso dentro de ese mismo camino”, explicó recientemente.

La importancia simbólica de la canción quedó consolidada el 18 de octubre de 1977 cuando la industria fonográfica británica le otorgó el premio Britannia al mejor simple pop de los últimos veinticinco años.

En el año 2002 fue votado por los lectores del Libro Guiness como número uno en la categoría de mejor simple de la historia desde la creación de los charts o listas de éxitos.

Hoy, a cincuenta y un años de su lanzamiento, “Bohemian Rhapsody” continúa siendo un monumento a la audacia y la imaginación.
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