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14 de agosto de 2026
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Se estrenó la serie de Moria y ya es un éxito arrollador en Netflix
La serie de Javier Van de Couter es una biopic rara, libre e interesante, y, en su mejor momento, es extraordinaria. Gran trabajo de Sofia Castiglione
14 de agosto de 2026
Cautivante, audaz y polémica. Virtuosa, grotesca e hipnótica. Y sobre todo, disruptiva.

Con actuaciones que la elevan a la brillantez y situaciones de la realidad plasmadas en la pantalla con un tamiz kitsch.

Moria es una serie que maneja una visualidad muy particular y que está inmersa en un laberinto de emociones complejo de descifrar.

Es la versión en biopic de la cabeza de la gran diva barroca del espectáculo argentino que tiene su sello marcado a fuego: el de la reality fiction.

Sin embargo, Quien espere ver la vida de Moria Casán documentada con fidelidad cronológica está buscando en el lugar equivocado.

La serie de ocho episodios creada y dirigida por Javier van de Couter, que llegpo este 14 de agosto a Netflix, se toma licencias con convicción. La producción es onírica, alienígena y amniótica, esto último incluso dicho por la misma Ana María Casanova, pero sobre todo es queer en su ADN.

Es, sin dudas, una de las producciones argentinas más singulares que llegaron a una plataforma global en mucho tiempo.

La estructura divide la vida de la diva en tres etapas encarnadas por tres actrices: Sofía Gala Castiglione en los inicios, Griselda Siciliani en la era dorada de mayor exposición mediática y Cecilia Roth en la versión más madura.

Las tres hacen un trabajo notable, y la pasión puesta en cada una se nota. Sin embargo, hay una diferencia de registro que la serie no logra disimular del todo.




La etapa de Sofía Gala es, sin dudas, la mejor.

No porque sea la hija interpretando a la madre, aunque esa carga emocional está ahí y se siente, sino porque Sofía construye a Moria desde adentro, con una sensibilidad actoral que personifica más que imitar.

Es donde más verdad hay, donde por momentos podemos dejar ir a la idea de Moria como el monumento y verla como la persona.

Castiglione entrega una Moria menos vista, más terrenal, más humana.

Es, obviamente, la mujer antes del mito. En cambio, Siciliani y Roth trabajan sobre la Moria que ya todos conocemos, la de los momentos icónicos en televisión, los gestos reconocibles, las frases que quedaron en el imaginario colectivo.

Lo hacen muy bien, son actrices de una calidad indiscutible, pero por momentos se siente más como fan service que revelación. Es decir, hay demasiada recreación e intento de imitar que una búsqueda más personal.

Lo que mantiene a la serie cohesionada por encima de esas diferencias es la figura de Moria como narradora de su propia historia. Una diosa omnisciente, una reina alienígena que camina sobre miniaturas de la ciudad y digita los hilos de su leyenda.

Es sutil y al mismo tiempo extremadamente kitsch, y ese juego entre lo real y lo surreal es el tono correcto para contar su vida en particular.

Cabe destacar también que la utilización de elementos reales del archivo personal de la diva, sus pelucas históricas, sus vestidos de lentejuelas, sus accesorios, sube el nivel de credibilidad y de inmersión varios escalones.

Moria es una serie que funciona mejor cuanto más se entrega a su propia extravagancia, cuando confía en la ficción como punto de vista, cuando se corre de lo documental es cuando más brilla.

Y, sin desmerecer a ninguna de las actrices principales, es destacable como en la piel de Sofía Gala la producción brilla de una manera que muy pocas veces se ve en la televisión argentina.
VIDEO- MORIA