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25 de junio de 2019
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Por José Calero
El gobierno avanza con las regulaciones
29 de septiembre de 2006
El gobierno lanzó una dura escalada destinada a poner en caja a las empresas y frenar cualquier atisbo de incremento de precios.

Claro que la presión está puesta sobre rubros sensibles, como combustibles, o alimentos que consumen los sectores más pobres, porque al mismo tiempo se hace la vista gorda con bienes y servicios que utilizan las clases medias y altas, que vienen
aumentando al galope.

La nueva andanada se profundizó durante el viaje del presidente Néstor Kirchner a Nueva York, cuando en la comitiva concluyeron que algunas compañías multinacionales que operan en el país pensaban utilizar la preocupación de los centros financieros por
el control de precios para salir a recuperar márgenes de utilidad.

En el corazón de Manhattan se terminó de delinear la estrategia oficial para rebatir críticas por la política antiinflacionaria.

"El gobierno argentino no aplica controles de precios, sino que le pregunta a las empresas por su estructura de costos", repitieron el ministro Julio De Vido en Nueva York y el poderoso secretario de Comercio, Guillermo Moreno, en Buenos Aires.

De los argumentos se pasó a los hechos, y de inmediato se frenó de un plumazo la pretensión de Shell de vender un gasoil menos contaminante pero 10 por ciento más caro.

Incluso se apeló a publicar una resolución en el Boletín Oficial que obliga a las petroleras a solicitar una burocrática autorización ante la secretaría de Energía, antes de sacar al mercado cualquier producto nuevo.

Con la estrategia de Shell fuera de combate, el gobierno fue por más y envió un claro mensaje a las petroleras: que a ninguna se le ocurra siquiera insinuar un aumento de precios.

Y por las dudas, se echó mano a una medida que provocó escozor en el sector privado, porque lleva el intervencionismo a niveles muy duros.

Es que las petroleras deberán informar con anticipación sus planes de exportación de fuel oil, naftas y lubricantes.

El temor que existe en el sector privado es que el próximo paso oficial sea prohibir algunas exportaciones, con el argumento de que perjudican al mercado interno, como ya ocurrió con la carne.

Es que las petroleras temen que con la excusa de que el petróleo es un "recurso no renovable", el gobierno se sienta en libertad para adoptar decisiones drásticas.

Desde la secretaría de Energía indicaron que ante la fuerte suba que registraron en los últimos meses los precios internacionales, las petroleras apuesten al mercado internacional en detrimento del mercado interno.

Se descomprime la carne

A contramano de lo que ocurre con los combustibles, el gobierno decidió levantar el pie del acelerador en el mercado cárnico.

Felisa Miceli no sólo flexibilizó las restricciones para exportar -ahora los frigoríficos podrán vender más al exterior- sino que dio señales de que habrá más flexibilización en los próximos meses.

"Mientras mantenga los precios en el mercado interno, el gobierno hará todo lo posible por el sector", fue el mensaje que se hizo llegar desde la Casa Rosada a entidades como la Sociedad Rural y CRA.

En la Rural recibieron la decisión como una buena señal, y ahora esperan que el gobierno levante totalmente las restricciones.

Igual, el sector está esperando por un Plan de Desarrollo Ganadero que todavía no da muestras claras de si incluirá fondos frescos que el campo necesita, y más en estos tiempos de sequía.

La situación en provincias como Buenos Aires y La Pampa es muy grave por la falta de agua, y ya varios mandatarios hicieron llegar su reclamo a la ministra Miceli. Quieren plata.

Incluso, llamó la atención en el Palacio de Hacienda la virulencia con la que Eduardo Buzzi, de la Federación Agraria, atacó a la funcionaria durante el Congreso que esa entidad hizo en Rosario.

Encima, los cuestionamientos hacia la "falta de planes" de Economía para el sector se hicieron delante del secretario de Agricultura, Miguel Campos, que sigue cultivando un perfil cada vez más subterráneo.

Una manito de Wall Street

Cayó bien en el gobierno que la presidenta de la Bolsa de Nueva York haya salido a defender la invitación realizada a Kirchner a tocar la campana en el recinto, que no fue bien recibida por algunos halcones del mundo de las finanzas.

Pero la Casa Rosada no debería gastar a cuenta, ya que la defensa que hizo Catherine Kinney también estuvo vinculada con proteger su posición ante los cuestionamientos que recibió desde algunos sectores de Wall Street.

Pero más allá de las internas que se suceden en el áspero mundo de las finanzas, lo concreto es que al menos un sector de los brokers neoyorquinos elogia la forma en que la Argentina salió de la crisis tal vez más severa de su historia.

Ese es un capital que Kirchner deberá cultivar si, como enunció, pretende que la Argentina empiece a figurar en la agenda de inversiones de los grandes jugadores de sectores clave como el energético.

Los empresarios locales están muy preocupados porque consideran que existen problemas objetivos a atender para evitar que una crisis energética, que aún visualizan como lejana, termine echando por tierra con el resurgimiento de la economía.

Por eso, la poderosa Asociación Empresaria y los industriales de la UIA hicieron un inusual llamado a la población para que cuide el consumo de electricidad ahora que viene el verano y los aire acondicionado trabajarán a full.

Esta semana, los empresarios realizarán un encuentro cuya consigna central será que la Argentina tiene que hacer un uso racional de la energía para evitar una crisis.

La pregunta es si alcanzará con este pedido o serán necesarias medidas más drásticas por parte del gobierno para desalentar el consumo eléctrico.