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30 de abril de 2017
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Por José Calero
La economía no arranca y todos miran a 'Sturze'
Como si manejara un tablero infalible, el presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger, reaccionó ante el alza de la inflación elevando las tasas por encima del 26% y enfriando aún más la actividad
15 de abril de 2017
Mauricio Macri quedó en la siempre incómoda posición de arbitrar entre miembros de su Gabinete cada vez más enfrentados sobre cuáles son los remedios para sanar las enfermedades de la economía, algunas heredadas y otras originadas por mala praxis en estos casi 16 meses de gestión.

Un problema para el Presidente es que deberá terciar cuánto antes para definir un rumbo claro sobre qué hacer ante un escenario que no remonta lo necesario, con vistas a elecciones legislativas por ahora con resultado incierto para la expectativa gubernamental.

Sobre todo tras sostener -como lo hizo el jefe de Estado- que una derrota en esos comicios sería un "fracaso".

La Argentina afronta viejos problemas, para los cuales Cambiemos dijo tener nuevas soluciones, hasta ahora aplicadas sin demasiada suerte.

El 2,4% de inflación informado por el INDEC para marzo, pero sobre todo el 6,3% acumulado en el primer trimestre, constituyen una mala señal.

Ahora que el termómetro del INDEC volvió a funcionar, indica que la Argentina tiene fiebre.

En especial preocupan las alzas en alimentos y bebidas (3% en marzo), indumentaria y educación, porque son rubros que impactan en el corazón de la vida cotidiana.

Como si manejara un tablero infalible -la oposición machaca ironizando con las "planillas en Excel"- el presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger, reaccionó de inmediato ante ese dato elevando las tasas por encima del 26%.

Dicen que como tributo a la "independencia" del BCRA no consultó a Macri -aunque sobre esto hay dudas-, mientras deja correr, no sin agrado, que se está convirtiendo en un "súper ministro", lo cual dejaría fuera de combate a otros funcionarios clave de la esfera económica que empiezan a entrar en punto de ebullición ante semejantes lecturas.

El problema es que cada punto de alza en las tasas de interés le hace el juego a la especulación financiera, uno de los pocos sectores que parece celebrar cada jugada del gobierno, y daña la estructura productiva.

Dicen cerca del Gabinete que ni siquiera Luis Caputo -un hombre del riñón financiero- observa con buenos ojos estas jugadas, porque conspiran contra su estrategia de endeudamiento.

La razón: mientras él baja las tasas para colocar bonos afuera, en el plano local el costo del financiamiento se encarece, construyendo una de las tantas contradicciones del modelo.

A esto se suma que la "bicicleta financiera" -ahora llamada "carry trade"- disparada por el alza de tasas, perjudica las emisiones de bonos, porque los inversores prefieren colocar pesos en Lebacs a corto plazo para tener mayor rentabilidad con un dólar en baja.

Para colmo, Brasil -el gigante con pies de barro por la corrupción de su clase política- vuelve a ir a contramano de la Argentina: mientras acá se baja la estimación de crecimiento a menos del 3%, los brasileños apunta al 5% y siguen reduciendo las tasas de interés.

Como ocurrió mil veces en la Argentina, se corre el riesgo de caer en el irónico juego de la sábana corta: para paliar la inflación, se sube la tasa y se deja caer el dólar a niveles que reflejan un retraso cambiario del 30%, explicó Víctor Beker, ex jefe del INDEC y respetado referente en el mundo de la economía, ahora en la Universidad de Belgrano.

Pero, lejos de solucionar el problema, esta decisión contrae aún más el aparato productivo, aumenta el desempleo y reduce las perspectivas de crecimiento y las decisiones de compra de los consumidores. Una tormenta perfecta.

Por eso los ministros del ala menos tecnocrática del Gabinete se preguntan hasta dónde Macri dejará jugar al ortodoxo Sturzenegger, quien por ahora parece haberlo "hechizado" con su tablero de control monetario.

Se quejan, además, de que la ´exagerada´ alza de tasas de interés llegó justo cuando la economía empezaba a dar muestras de reacción en sectores clave como la producción siderúrgica y los despachos de cemento, a partir del crecimiento de la obra pública.

Siempre con una frase picante a mano, José Ignacio de Mendiguren calificó a la situación actual como el "trípode de la muerte: dólar bajo, inflación alta, suba de tasas".

Polémico ex ministro de Producción de Eduardo Duhalde, el ahora massista De Mendiguren había lanzado en su momento la frase "Argentina está condenada a crecer".

A instancia suya, Duhalde machacaba cada vez que podía con ese ´leitmotiv´ de optimismo tras la dura crisis del 2001.

"Ahora, se podría decir que la Argentina está condenada. Punto", ironiza un dirigente de la oposición que ocupó un cargo en el kirchnerismo varios años. La grieta sigue abierta.

Lejos de estas reyertas, Sturzenegger hace su juego y considera que mantener a raya la inflación es el único camino, y está empecinado en que cuando llegue diciembre pueda decirle a los argentinos que el costo de vida se alineó con su meta del 17%.

Para ello, el INDEC debería informar para ese mes una inflación de alrededor del 1,5%, casi un punto por debajo de la actual.

¿Se podrá lograr? Sturzenegger cree que sí porque guarda un as en la manga: explicará que nunca dijo que la inflación anual del 2017 sería 17%, sino que se llegará a ese nivel hacia fin de año, "anualizando" el índice de noviembre o diciembre.

Pero más allá de estos ´detalles técnicos´, el problema central es que el consumo sigue sin reactivarse y continúa la sensación en la calle de que la economía no reacciona.

Dos malas señales que Macri sigue de cerca y que lo obligarán tarde o temprano a intervenir en las que por ahora son intrigas de palacio.