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19 de junio de 2018
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Por José Calero
#8M: reclamos genuinos empañados por la política barata
Decenas de miles de personas marcharon al Congreso para exigir igualdad de género, fin de la brecha salarial y tratar una ley de despenalización del aborto. Pero el kirchnerismo y la izquierda radicalizada se apropiaron del acto y el resultado fue lamentable
8 de marzo de 2018
De algunas personas se dice que "todo lo que tocan se convierte en oro".

Del kirchnerismo y la izquierda radicalizada podría decirse que "todo lo que tocan lo arrastran al barro de la política barata".

Las decenas de miles de personas que asistieron al acto central por el Día de la Mujer debieron soportar que un grupo minoritario y soberbio, otra vez, se arrogara la representación de las multitudes para sacar a relucir sus más rancios resentimientos.

El discurso leído por la locutora Liliana Daunes en el escenario montado frente al Congreso dio pena, sobre todo por las decenas de miles de personas que se lo debieron "fumar", como se dice ahora.

"Hoy estamos acá porque construimos juntas un segundo paro internacional feminista. Paramos contra los despidos, el ajuste del gobierno", arrancó, ya mal, la entusiasmada locutora.

Hasta ese momento decisivo, estaba claro que los ejes de la marcha eran el aborto, la desigualdad salarial y el repudio de los femicidios, pero en qué momento se consensuó que sería una movilización contra el Gobierno, difícil de explicar.

"Paramos porque venimos a decirle basta a las violencias femicidas y travesticidas, y a las violencias económicas y estatales que las sustentan. Venimos produciendo este tiempo de desobediencia al patriarcado y al capitalismo que acumula fuerza en los territorios, revoluciona las casas, las camas y las calles. Venimos reclamando a todas las centrales sindicales la convocatoria al paro y la organización de asambleas", siguió Daunes.

Pero nadie explicó en qué momento se debatió que el acto era a favor de la "Patria socialista".

"Hoy paramos y marchamos hacia el Congreso de la Nación para exigir la urgente aprobación del Proyecto de Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo, presentado por séptima vez el 6 de marzo pasado por la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito. En nuestro país se realizan entre 370.000 y 520.000 abortos clandestinos por año. Hoy el aborto clandestino, e inseguro, sigue siendo la principal causa de muerte de personas gestantes", sostuvo el documento.

Además, exigió la "provisión y producción pública de Misoprostol y Mifepristona -conocidos como "las pastilla del día después", y que la A.N.M.A.T.", además de que se "los reconozca como de uso ginecológico", como si ambas drogas se trataran de una aspirineta.

Si bien son considerados "seguros y eficaces" por la Organización Mundial de la Salud para la interrupción de embarazos de hasta 12 semanas, deben tener alguna supervisión médica y asesoramiento.

A esto se sumó un reclamo al menos polémico: "Exigimos (no estaba claro quienes) la efectiva aplicación de la Ley Brisa. Pedimos excarcelación a las mujeres con prisión preventiva por delitos menores, domiciliaria para madres con niñxs menores de 4 años y para jefas de familia. Exigimos que el Estado revise las causas por homicidio que en muchos casos responden a autodefensa ante una agresión machista", leyó Daunes.

Mientras la marcha era un reclamo en el que los objetivos estaban consensuados a nivel internacional, el grupúsculo local fogoneado por el kirchnerismo y la izquierda aprovechó para meter su cuña: "Paramos contra los despidos y el ajuste del gobierno", leyó. Con un fuerte tinte antioficialista, pidieron "justicia y aparición con vida de Santiago Maldonado", y añadió: "Denunciamos el crimen de Estado que asesinó por la espalda a Rafael Nahuel y que sigue en estos días reprimiendo a la comunidad mapuche".

Ya en ese punto todos los ejes del acto habían quedado atrás. Y muchos de los que estaban allí se miraban entre sí sintiendo que, otra vez, decenas de miles habían sido manipulados con la excusa de una causa noble.