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Estreno de la semana: Will Smith y su perra, solos después del Apocalipsis
En la superficie, “Soy leyenda” es apenas otra película de zombis, pero la desolación que exuda toda la historia la transforman en un trabajo para tener en cuenta
30 de diciembre de 2007
Los zombis están de moda. Los sociólogos, los críticos culturales y los historiadores deberán dedicarse a rastrear las causas de este fenómeno, que viene llenando pantallas en los últimos meses. Pero lo cierto es que “Soy leyenda”, el nuevo largometraje protagonizado por Will Smith, es la cuarta película en lo que va del año dedicada a explorar el mundo de los muertos vivos.

Los antecedentes inmediatos, es fácil de recordar, fueron “Exterminio 2”, “Invasores” y la tercera parte de “Resident Evil”. La secuela de “Exterminio” tenía elementos rescatables; los otros dos estrenos de 2007 sobre zombis serán rápidamente olvidados.

¿Y “Soy leyenda”? Bueno, tranquilamente puede decirse que la primera hora de película le bastan a esta nueva adaptación del clásico del escritor estadounidense Richard Matheson para alzarse con ese improbable premio al mejor filme de zombies del año. Si bien sobre el final el largometraje decae un poco y se vuelve algo más convencional, el clima que logra durante sus primeros 60 minutos la convierten en un trabajo para ser tenido muy en cuenta.

Pero empecemos por el principio. “Soy leyenda” fue, originalmente, una novela de Matheson publicada en 1953, que remozaba la tradición del terror y la ciencia ficción, retomando la antigua fascinación por los vampiros, ahora transformados en zombis. Desde entonces, Hollywood supo explotar el material de ese libro con varias adaptaciones, algunas de ellas recordadas como “El último hombre sobre la Tierra”, protagonizada por Vincent Price, y “El hombre Omega”, con Charlton Heston.

Ahora es Will Smith el que retoma la posta (y el título original de la novela) y, para ser honestos, hay que felicitarlo por su trabajo. El filme comienza con un anuncio esperanzador: se ha descubierto una cura contra el cáncer. Pero inmediatamente después nos enteramos de que ese presunto avance científico ha significado prácticamente la extinción de la Humanidad.

Sólo queda Will Smith (encarnando al científico militar Robert Neville) y su perra Samantha (una pastor alemán que debería estar nominada a los Oscar), deambulando por una Nueva York apocalíptica. Durante una hora sólo serán ellos dos, apenas interrumpidos por unos flashbacks explicativos, quienes sostengan la película.

Y es que “Soy leyenda” trata, en sus mejores momentos, sobre la soledad de un hombre inexplicablemente inmune y su perra intentando vivir en la más absoluta de la soledades, alternando pueriles actividades como “alquilar” un DVD o bañarse, mientras intentan encontrar una cura para que los zombis (casi siempre ocultos) dejen de serlo y todo vuelva a la normalidad.

El clima tristemente desolado y, sin embargo, cotidiano y atrapante que logran Smith y la perra pagan la entrada al cine. Luego, necesidades argumentales mediante, la historia incorporará otros personajes y la historia buscará una resolución que, según dicen quienes leyeron la novela, dista mucho de la idea original de Matheson.

En el medio, el director Francis Lawrence (el mismo de la despareja “Constantine” con Keanu Reeves) se las ingenia para que protagonista reflexione sobre el destino de la Humanidad, elogie la obra de Bob Marley y demuestre cierta maestría en el manejo de las armas. Pero es lo de menos: “Soy leyenda” será en la memoria de nuestras retinas la imagen de Will Smith caminando junto a su perra por las devastadas calles de Manhattan mientras trata de recuperar un mundo perdido.