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Por la crisis, Cristina suspendió su viaje a Londres
En medio del agravamiento del conflicto con el agro, la presidenta adoptó la decisión de no ir a Inglaterra, aunque medita en cambio ir a Francia por el tren bala
30 de marzo de 2008
Ante la profundización del conflicto con el campo, el Gobierno tomó una decisión que impacta sobre las relaciones diplomáticas.

La presidenta Cristina Kirchner suspendió su viaje a Gran Bretaña, previsto para el miércoles próximo.

Fue debido a la agudización de la crisis con el campo, cuya dirigencia retomó el paro por la falta de acuerdo con el Gobierno frente a la suba de las retenciones a las exportaciones.

La jefa del Estado iba a participar en Londres de la cumbre de gobiernos progresistas organizada por el primer ministro británico, Gordon Brown.

La suspensión se produjo cuando estaban muy avanzadas las gestiones para que la Presidenta mantuviera una reunión informal con el líder laborista.

"La Presidenta considera que la crisis con el campo es lo suficientemente grave como para quedarse en el país para seguirla de cerca", dijo a LA NACION una fuente oficial.

Cristina Kirchner y el ex presidente Néstor Kirchner evaluaron que "el conflicto va para largo y no se solucionará en pocos días".

En la residencia de Olivos, ellos analizaron ayer por la tarde el nuevo escenario. La falta de acuerdo entre las entidades del agro y el Gobierno anteanoche derivó en una reanudación del paro agropecuario y los cortes de rutas en todo el país, lo que preocupó, y mucho, al matrimonio presidencial.

Se pusieron en contacto con el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, con el canciller, Jorge Taiana, y con el secretario general de la Presidencia, Oscar Parrilli, para que desmontaran el operativo del viaje a Londres, que incluía una parada en Francia, el lunes de la semana próxima, para entrevistarse con el presidente, Nicolas Sarkozy. Por el conflicto, Alberto Fernández suspendió un viaje a Nueva York.

Estas giras eran un punto clave en la agenda internacional de la Presidenta y buscaban afianzar el acercamiento bilateral entre su gobierno y los de Gran Bretaña, Francia y los Estados Unidos, con los cuales hubo recientes tensiones. Se procuraba alentar así un acuerdo para renegociar la deuda con el Club de París, que destrabe el financiamiento y la llegada de inversiones al país.

La preocupación que existe en la Casa Rosada por la crisis del campo se agudizó ayer luego de que Alberto Fernández y el ministro de Economía, Martín Lousteau, no alcanzaron un acuerdo con las cuatro entidades agropecuarias, en la reunión de anteanoche, lo cual disparó la reanudación del paro rural y de los cortes de ruta. En Olivos se evaluó entonces que la próxima será una semana difícil para el Gobierno. Y que se deben tomar las precauciones para evitar nuevas protestas en las grandes ciudades, que se solidarizan con el campo.

"Néstor Kirchner está convencido de que hay sectores de la oposición infiltrados en los cacerolazos, que conspiran contra el gobierno de Cristina", señalaron fuentes kirchneristas. Según pudo saber LA NACION, Kirchner se mostró en privado ante sus interlocutores mucho más severo que su esposa a la hora de tomar medidas para prevenir escenarios complejos.

Si bien todo el Gobierno sospecha que "los dirigentes rurales no quieren negociar, sino golpear", el ex presidente cree que hay que "ganarle la calle" a "la derecha". Por ello dejó actuar violentamente al líder piquetero Luis D Elía para romper los cacerolazos.

En caso de que el conflicto crezca, sostiene Kirchner, se debería aplicar la ley de abastecimiento; recurrir a las fuerzas federales de seguridad para liberar las rutas de piquetes, como ocurrió ayer en San Pedro; o, incluso, decretar el estado de sitio. "A Cristina la voy a proteger. Pero la última palabara la tendrá ella, que es la Presidenta", suele atajarse.

El ala más negociadora la integran, precisamente, la jefa del Estado, Alberto Fernández, y Lousteau. La Presidenta le ordenó al jefe del Gabinete, anteanoche, en plena reunión con el agro: "Hay que seguir negociando y no hacerles el juego de romper el diálogo". Si bien Kirchner no está tan convencido, la Presidenta ordenó apostar al diálogo hasta el lunes, aunque sin ceder en la suba de retenciones. Si no prospera, culpará a las entidades del campo por el fracaso, por el desabastecimiento y por la suspensión de personal en las empresas afectadas. Y analizará la aplicación de las medidas más duras que esbozó su antecesor.