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El fantasma de Ezeiza
En 1973 grupos peronistas se enfrentaron a tiros cuando fueron a recibir a Perón tras 18 años de exilio. Aquella vez hubo decenas de muertos. Esta vez no
17 de octubre de 2006
Los graves incidentes en la quinta de San Vicente recordaron lo ocurrido el 20 de junio de 1973, cuando Juan Domingo Perón se disponía a regresar al país tras 18 años de exilio.

Más de tres millones de personas se juntaron en Ezeiza para dar la bienvenida al país a Perón.

El grupo de la izquierda peronista se disponía a acomodarse en los primeros metros del escenario donde hablaría Perón hacía la gente. Mientras intentaban acercarse hacia ese lugar sectores de la derecha del mismo partido comenzaron a disparar con armas de fuego, a lo que hubo una respuesta inmediata.

El acontecimiento que debió haber sido una gran fiesta terminó teñido de sangre: un enfrentamiento armado entre sectores de derecha e izquierda del peronismo dejó un saldo nunca determinado de muertos y heridos. Se creen que son 13 los fallecidos.

Debido a la gravedad de los incidentes, Perón, Cámpora y su comitiva se vieron obligados a aterrizar en Morón.

El 21 de junio, Perón dirigió un enérgico mensaje por radio y televisión, implícita pero inequívocamente dirigido contra los sectores de izquierda de su movimiento:

"(...) Nosotros somos justicialistas. Levantamos una bandera tan distante de uno como de otro de los imperialismos dominantes. No creo que haya un argentino que no sepa lo que ello significa. No hay nuevos rótulos que califiquen a nuestra doctrina ni a nuestra ideología. Somos lo que las veinte verdades peronistas dicen. No es gritando La vida por Perón que se hace Patria, sino manteniendo el credo por el cual luchamos.
Los viejos peronistas lo sabemos. Tampoco lo ignoran nuestros muchachos, que levantan banderas revolucionarias. (...)Los que ingenuamente piensan que pueden copar nuestro Movimiento o tomar el poder que el Pueblo ha conquistado, se equivocan. (...)
(...) Por eso, deseo advertir a los que tratan de infiltrarse en los estamentos populares o estatales, que por ese camino van mal. Así, aconsejo a todos ellos tomar el único camino genuinamente nacional: cumplir con nuestro deber de argentinos sin dobleces ni designios inconfesables(...)".