Noticias actualizadas las 24 horas Información clave para decidir
26 de agosto de 2019
Seguinos en
Reciba gratis nuestra newsletter diaria y alertas de noticias en su casilla de e-mail
Al hacer click en el botón, se abrirá una nueva ventana donde podrá ingresar sus datos
Destino Sudáfrica: Italia un campeón con "camisas negras"
En 1934 Italia festejó en su casa con la presión de Mussolini en las tribunas. Fiesta de "camisas negras". Argentina jugó con amateurs un solo partido y fue eliminada
2 de mayo de 2010
Por Roberto Aguirre Blanco

Bajo un clima marcado por la política, Italia recibió en 1934 la segunda edición de la Copa del Mundo que finalmente se quedó en sus vitrinas, tras materializarse el favoritismo de una selección nacional que contó entre sus filas con cuatro futbolistas de origen argentino.

Luis Monti, Raymundo Orsi, Enrique Guaita -titulares en todos los partidos- y Atilio Demaría, todos ellos nacidos en Argentina fueron parte fundamental de la estructura del campeón.

Ganar o ganar fue la consigna que recibieron los integrantes de la representación "azzurra" desde el gobierno que conducía el líder fascista Benito Mussolini, quien utilizó la competencia deportiva como instrumento para potenciar la situación política.

Ese clima lleno de tensión y presiones se vivió en la final jugada en Roma, el 10 de junio de 1934 cuando Italia superó en tiempo suplementario a Checoslovaquia por 2 a 1, luego de revertir una derrota parcial.

Ante un palco oficial que tenía al "Duce" y a los más altos funcionarios del gobierno italiano como "tiffosis" de lujo, el equipo que dirigía Víctor Pozzo debió exigirse la máximo para alcanzar el título bajo el riesgo de "perder la vida" si ese objetivo no se lograba.

La frase es literal: si bien nunca se oficializó en boca de ningún funcionario de la época, no haber ganado la Copa del Mundo hubiera significado para los jugadores italianos la "muerte deportiva y social" y algún castigo más severo aún.

La primera copa del mundo jugada en tierras europeas tuvo la participación de 16 selecciones, 12 de ese continente (Italia, Checoslovaquia, Alemania, Austria, España, Hungría, Suiza, Suecia, Francia, Holanda, Rumania y Bélgica, tres de América
(Argentina, Brasil y Estados Unidos) y uno de Africa (Egipto).

En esta edición del certamen se utilizó el sistema de eliminación directa a partir de los octavos de final, por lo cual los finalistas jugaron apenas cuatro partidos para acceder al partido decisivo, aunque Italia debió afrontar un encuentro más tras disputar un desempate en los cuartos de final.

La selección de Argentina tuvo un breve paso por este torneo al quedar eliminada en su debut ante Suecia por 3 a 2, con un equipo que estaba conformado por jugadores amateurs tras el conflicto interno que se vivía en el fútbol local con la creación
desde 1931 de la Liga Profesional.

Esta nueva asociación no era reconocida por la FIFA por lo cual los ya experimentados jugadores que militaban el torneo de Argentina no pudieron ser parte del seleccionado que representó al país en Italia 1934.

Italia debió esforzarse al máximo para derrotar a los checos en la final, ante el fervor de más de 80 mil "tiffosis" enardecidos y de la mirada opresiva de todo el aparato fascista ubicado en el palco principal.

En ese escenario se erigió como un gigante la figura del arquero checo, Frantisek Planicka, quien levantó una muralla en su arco y ahogó todas las chances de los italianos.

Al fin del final del primer tiempo, la igualdad sin goles, tensó más aún el ambiente en el estadio Partido Nazionale, situación que mutó en catástrofe cuando a los 15 minutos del complemento el puntero checo Vladimir Puc puso en ventaja a su equipo.

Sin embargo, un cambio táctico de el entrenador Pozzo le permitió al argentino "Mumo" Orsi lograr la igualdad a nueve minutos del final y a la vez mejorar el juego de los locales.

Ya en el tiempo suplementario, los "azzurros" apabullaron a su rival y empujado por los gritos de aliento de un estadio al "rojo vivo".

A pesar de salir lesionado su máxima estrella --el volante Meazza- Italia empujó y quebró una vez más el arco checo luego de una excelente pared entre Guaita y Angelo Schiavio, que fusiló al arquero Planicka.

Del luto, Italia pasó al carnaval, el éxito fue consumado, y a pesar del festejo de la camisetas "azzurras" en el campo de juego, fueron las "camisas negras" quienes vivieron su fiesta personal.
Video de la noticia