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Moreno cerró Papelera Massuh y peligran 500 familias
La tradicional papelera intervenida por el Gobierno dejó de operar el lunes, por orden del secretario de Comercio Interior. Buscan una salida a la crisis compleja
7 de mayo de 2010
Cuando llegó el secretario de Comercio, Guillermo Moreno, y su promesa de solución, cientos de trabajadores de la ex Papelera Massuh -hoy Quilmes- se ilusionaron con una salida a la crisis.

Incluso, el polémico funcionario les había garantizado a los empleados que ya estaba vendida la totalidad de a producción de la planta.

Ahora, según informó el diario Clarín, el propio Moreno dispuso el cese completo de actividades en Papelera Quilmes.

La planta emplea a 500 operarios y al momento de su clausura, este lunes, estaba trabajando a media máquina, con una producción de 1.600 toneladas mensuales de bobinas de papel. Según uno de sus directivos, para no perder plata necesitaba vender 3.000 toneladas por mes.

Hasta mayo del año pasado se llamaba Massuh, a secas. Hace un año llegó allí el secretario Moreno y prometió que la planta sería reactivada luego de seis meses de parálisis.

Su dueño, Héctor Massuh, para entonces ya había dejado de pagar los sueldos. Y Néstor Kirchner, en plena campaña electoral, hizo suya una propuesta de su amigo, el intendente de Quilmes y dirigente de la UOM, Francisco "Barba" Gutiérrez: intervino la papelera, entonces con 600 operarios, bajo la figura de un alquiler a Massuh.

Fue constituido un fideicomiso del Banco Nación para administrar la fábrica y Moreno fue designado director ejecutivo. Ocupó ese cargo por dos meses, durante los cuales utilizó su doble condición de funcionario nacional y ejecutivo para que los proveedores de Massuh le aportaran crédito. Y abrió (aseguran algunas fuentes empresarias que de manera compulsiva) las puertas de las grandes cadenas de supermercados a las resmas de papel que produce la fábrica, que fue rebautizada Papelera Quilmes.

Nación Fideicomisos y la Federación de Obreros de la Industria del Papel firmaron un acuerdo laboral vigente hasta fines de este año. Pero Papelera Quilmes no pudo lograr su equilibrio y siguió perdiendo dinero.

La situación se complicó en abril, cuando la Justicia dispuso la quiebra del grupo Massuh y Papelera Quilmes pasó a ser, desde un punto de vista jurídico, uno de los bienes a liquidar para pagar a los acreedores de Massuh.

¿Qué acreedores? En buena medida, el propio Estado: los bancos Nación, Provincia y Ciudad (90% de la deuda concursal) y el Fisco. Pero Massuh también debe millones de dólares a un fondo de inversión canadiense y el propio gasto del concurso, que demoró 12 años, también generó costas millonarias que deberán ser pagadas con la venta de activos.

En ese contexto, hace un mes Moreno retornó a la papelera como director, y lo primero que hizo fue bajar los sueldos de los operarios calificados. El siguiente paso fue el cierre, este lunes.

La fábrica ocupa casi una cuadra de ancho sobre el camino General Belgrano, a la salida de Quilmes en dirección hacia Florencio Varela. En los molinetes de la entrada está pegado con cinta adhesiva el telegrama que Blas Alari, secretario general de la Federación de Obreros de la Industria del Papel, envió al ministro de Trabajo, Carlos Tomada. "Ante parálisis de Papelera Quilmes, ejecutada por un funcionario del Gobierno nacional (...), dejando en afligente situación a 500 trabajadores, exijo cumplir con lo pactado en el acta respectiva".

El "acta" fue el compromiso firmado hace un año entre el gremio y el fideicomiso del Nación. Y el "funcionario" en cuestión es Moreno, según confirmó a este diario Guillermo Robledo, secretario de Producción de Quilmes.

Como representante del intendente quilmeño, Francisco "Barba" Gutiérrez, Robledo integra el directorio de Papelera Quilmes y no ocultó sus diferencias con Moreno. "La situación es tensa. Estamos en total desacuerdo con el cierre de la planta, no lo comprendemos y no era necesario", dijo Robledo.

"La Justicia acababa de liberar la fábrica de San Luis, lo que nos redujo de golpe la carga salarial de dos millones de pesos por mes a un millón de pesos. Con esa reducción y un plan bien orientado, la fábrica es perfectamente viable", dijo.