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15 de julio de 2019
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Ayer fue hoy: Aníbal Troilo, la última “queja de bandoneón”
El 18 de mayo de 1975 falleció “Pichuco” y el tango se puso triste. Tenía solo 60 años. Autor de melodías únicas.Una carrera llena de éxitos. Buenos Aires aún lo recuerda
18 de mayo de 2010
Por Roberto Aguirre Blanco

Era una historia que se veía venir. El mejor bandoneonísta del tango estaba dando tumbos con sus salud desde hacía más de tres años, y a nadie sorprendió, que una mañana de hace 35 años, el 18 de mayo, la noticia fuera la que nos se quería escuchar: murió “Pichuco”.

Apenas habían pasado 60 años desde su nacimiento el 11 de julio de 1914 en el corazón de Buenos Aires, allí donde ya a los 11 años había despuntado su amor por la música y comenzó a tocar un bandoneón que se lo compró su madre en cuotas y que cuidó hasta su muerte.

Esa muerte anunciada por exceso de alcohol y el consumo de cocaína –tan común en los músicos y tangueros de los años de oro— habían mellado lentamente su salud.

Sin embargo, ese estado de inestabilidad de los años finales no le quitó brillo a su carrera que aún gozaba de un gran prestigio y que tuvo como broche de oro ser cabeza de compañía la noche de los años setenta cuando el tango llegó al Teatro Colón.

Sin dudas la década del cuarenta cuando ya forma su propia orquesta comienza uno de los recorrido más ricos de su historia musical donde compone, junto a sus gran amigo el poeta Homero Manzi, tangos inolvidables como “Barrio de Tango”, “Che Bandoneón”, “Sur” y “Romance de Barrio”, en una época que contaba también como músico de su orquesta y arreglador a Astor Piazzolla.

Tras la muerte de Manzi en 1951, que lo deja en una profunda depresión, se une a Cátulo Castillo para otra etapa brillante de composiciones como “Desencuentro”, “La última curda”, "María”, y “Garúa” con colaboración poética de Enrique Cadicamo.

Los cuarenta y los cincuenta son los años también de sus grandes cantores como Francisco Fiorentino, Alberto Marino, Floreal Ruíz, Edmundo Rivero y Angel Cárdenas.

Ya en los sesenta siguió trabajando con su orquesta y un cuarteto que tenía como cabeza a Troilo y Ubaldo De lío y apareció en su vida uno de esos amigos de “fierro”: Roberto Goyeneche.

Justamente el “polaco” fue uno de los más lo lloró aquel 18 de mayo de 1975, siempre dijo que sintió el desgarramiento que le perforó el alma: “perdí a mi hermano, que será sin él todo”, dijo en aquella oportunidad el cantante de “Naranjo en Flor”.

Troilo era un hombre bonachón, amigo de los amigos, fiel esposo de mujer Zita y un fanático hincha de River que se fue justo el año que los “millonarios” hicieron una gran campaña para terminar con 18 años sin títulos.

Con la muerte de Troilo se fue un duende de porteño, y la frase que pergeñó en el tema “Nocturno de mi barrio” lo sintetizó a la hora de la partida: “Cómo me van a decir que me fui del barrio? Pero ¿cuándo, cuándo, si todavía estoy llegando?”.



--El autor de esta nota amplia los hechos históricos que nos emocionan en la página de facebook: "Ayer, fue hoy ayer"--
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