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El más temido por su gobierno de torturas
10 de diciembre de 2006
La figura de Augusto Pinochet Ugarte, nacido en el puerto de Valparaíso el 25 de noviembre de 1915, era desconocida para los 15 millones de chilenos hasta la mañana del martes 11 de septiembre de 1973, cuando encabezó el golpe militar que culminó con el suicidio del presidente socialista Salvador Allende, en el palacio de La Moneda.

Convertido en Jefe Supremo de la Nación y más tarde en Presidente de la República, Pinochet clausuró el Parlamento, disolvió los sindicatos, proscribió los partidos políticos y desató una represión que dejó más de 3000 muertos y desaparecidos mientras otros cientos de miles de chilenos partían al exilio.

Con otros dictadores del Cono Sur, en noviembre de 1975 organizó la "Operación Cóndor", para eliminar a los opositores políticos más allá de las fronteras de sus respectivos países.

"En Chile no se mueve una hoja sin que yo lo sepa", fue una de sus más célebres sentencias, cuando se afianzó a la cabeza de la dictadura más prolongada que ha tenido Chile en su historia republicana.

No le era posible imaginar entonces los problemas que le esperaban a partir del 16 de octubre de 1998, cuando fue detenido en Londres para quedar expuesto durante 503 días ante la comunidad internacional como la encarnación de los peores atropellos a los derechos humanos.

Tampoco calculó que sería arrestado y enjuiciado en su propio país, como ocurrió el 31 de enero de 2001 por orden del juez Juan Guzmán Tapia, que logró despojarlo de su fuero o inmunidad para someterlo a un primer juicio por violaciones a los derechos humanos y enfrentar un pedido de extradición a España que no se concretó.

Liberado por "razones humanitarias", volvió a Chile el 3 de marzo de 2000, enfermo, humillado y sin sus antiguas posiciones de poder.

Ese sorpresivo arresto en Londres fue el comienzo de su ocaso, que en los últimos años lo obligó a replegarse en su residencia al oriente de Santiago o en su finca de Los Boldos, en la costa central de Chile.

Allí, junto a su esposa, recibe las periódicas visitas de sus cinco hijos, sus nietos y los escasos partidarios que aún le quedan.

"El día que toquen a alguno de mis hombres se acaba el Estado de Derecho", advirtió Pinochet poco antes de dejar el poder, el 11 de marzo de 1990, pero en 2000 la Corte Suprema lo despojó de su inmunidad parlamentaria, para enfrentar más de 100 demandas por delitos de lesa humanidad.

El 27 de noviembre el ex dictador quedó en arresto domiciliario dentro de un proceso por dos de los desaparecidos que dejó la "Caravana de la Muerte", una comitiva militar que recorrió Chile en los comienzos de su dictadura.

La nueva detención se concretó un año después del arresto que durante siete semanas cumplió también en su residencia, cuando fue sometido a dos juicios paralelos que aún continúan en desarrollo.

En uno de ellos, fue inculpado por los desaparecidos que dejó la "Operación Colombo", un plan represivo que ejecutaron agentes del régimen militar para eliminar a opositores.

En el otro, el juez Carlos Cerda estableció la responsabilidad de Pinochet en un fraude tributario, la falsificación de documentos y otros delitos vinculados con las cuentas secretas que mantuvo en bancos de Estados Unidos y otros países, descubiertas por el Senado norteamericano a mediados de 2005.

El general enfrentó hace seis años un primer juicio en Chile por 75 asesinatos y secuestros que ejecutó la "Caravana de la Muerte", pero la Corte Suprema cerró el proceso sin sanciones en julio de 2002, al considerar que el ex dictador padecía una "demencia moderada" que le impedía defenderse ante los jueces.

Este año estuvo colmado de investigaciones judiciales contra el ex dictador, privado de su inmunidad, con detención domiciliaria muchas veces, e inquietado por asuntos muy graves que resurgieron, tales como la "Caravana de la muerte" o las torturas de la Villa Grimaldi.