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Bergoglio llamó a consolar a los que sufren la "violencia"
Exhortó a los sacerdotes a consolar a "los afligidos de nuestro pueblo", en especial a aquellos "conmocionados incesantemente por la violencia y la inequidad"
21 de abril de 2011
La violencia y la inequidad que afronta la sociedad argentina fueron los ejes de la homilía pronunciada hoy por el cardenal Jorge Bergoglio con motivo de la Semana Santa.

El arzobispo de Buenos Aires y primado argentino exhortó a los sacerdotes a consolar a "los afligidos de nuestro pueblo", en especial a aquellos que están "conmocionados incesantemente por la violencia y la inequidad".

El purpurado porteño aseguró que los argentinos necesitan ser conducidos "no en la queja ni en la ansiedad sino en la alabanza y la serenidad; no en la crispación sino en la paciencia".

La homilía de Bergoglio durante la misa crismal en la catedral metropolitana fue en esencia autocrítica de la misión sacerdotal, pero incluyó referencias elípticas al estilo de conducción de la dirigencia política y al clima electoral que vive el país.

"Imaginemos un momento lo que significaría para un pueblo, conmocionado incesantemente por la violencia y la inequidad, poder vivir un año tranquilo, un año de celebración y de armonía. Somos enviados a «consolar a los afligidos, a los afligidos de nuestro pueblo»", subrayó citando al profeta Isaías.

Bergoglio alertó también que "el trabajo por el bien se convierte en eficientismo sombrío, como vemos que sucede en la acción de muchos activistas desbordados".

"Parecería que andan revistiendo de luto estadístico la realidad en vez de ungirla con el óleo interior del júbilo que transforma los corazones, uno a uno, desde adentro", reflexionó.

El primado argentino insistió en señalar que los sacerdotes deben "predicar la verdad, a hacer el bien a todos y alegrar la vida de nuestro pueblo", y les advirtió que "no basta con que nuestra verdad sea ortodoxa y nuestra acción pastoral eficaz.

Sin la alegría de la belleza, la verdad se vuelve fría y hasta despiadada y soberbia, como vemos que sucede en el discurso de muchos fundamentalistas amargados".

El cardenal advirtió que "la gente necesita pastores que conduzcan en la paciencia y no en la crispación".

"Sin la alegría de la belleza, la verdad se vuelve fría y hasta despiadada y soberbia, como vemos que sucede en el discurso de muchos fundamentalistas amargados", sostuvo.

"Pareciera que mastican cenizas en vez de saborear la dulzura gloriosa de la Verdad de Cristo, que ilumina con luz mansa toda la realidad, asumiéndola tal como es cada día", afirmó.