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Murió la mujer que no podía dejar de crecer
Tanya Angus sufría una extraña enfermedad. Tenía 34 años, medía 2,18 metros y pesaba 181,4 kilos. Fue una luchadora para hacer conocer el problema
17 de enero de 2013
Sufrió la crueldad de mucha gente que no entendía su problema, pero tuvo la valentía de salir a contar su historia: Tanya Angus, la mujer que no podía parar de crecer, finalmente murió, a los 34 años, con 2,18 metros de altura y 181,4 kilos de peso.

Angus sufría una enfermedad llamada acromegalia, por la cual no paraba de crecer. Ese padecimiento, cuando afecta a los niños, se conoce como gigantismo.

Salió en especiales de televisión y en las noticias, y conversaba sobre ese trastorno que le deformó la cara y le causaba dolores crónicos cada vez más fuertes. Se debía a que liberaba demasiada hormona del crecimiento por un tumor no canceroso en su glándula pituitaria.

El desorden le afectó en todos los aspectos de la vida. No podía ponerse las camisas más grandes porque no le quedaban del cuello. Necesitó zapatos de manufactura especial y los joyeros le debían hacer anillos de una talla especial: la 20.

En forma increíble, algunas personas criticaban a Angus porque creían que usaba silla de ruedas por su falta de disciplina para mantenerse baja de peso. Lo que no sabían es que Angus sólo comía una vez al día y que los medicamentos le hincharon la cara, dijo la madre.

Angus se convirtió en defensora de las personas con su enfermedad y abogaba para que se les facilitara asistencia en unos 60 países.