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21 de noviembre de 2017
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Mía: el mejor gol de Angel Di María
El año pasado 'Fideo' tuvo una gran prueba en su vida. En 2013 nació su hija y tenía solo 30 por ciento de posibilidades de sobrevivir. Lo logró
1 de julio de 2014
Durante 2013, Angel Di María y su esposa Jorgelina Cardoso compartieron como padres una fuerte historia de vida cuando su pequeña hija, nacida con seis meses de gestación peleó por sobrevivir en el marco de un diagnóstico muy complicado.

El 22 de abril de 2013, la pareja comenzó una larga lucha que se extendió por dos meses, hasta el 13 de junio, cuando la beba logró superar un estado muy delicado.

Tras dos meses de sufrimiento y mucha fe, ese 13 de junio fue inolvidable en la vida de Angelito. Encima el destino quiso que ese mismo día falleciera Germán, el padre de Jorgelina.

Hoy, el Fideo seguramente mirará al cielo cuando entone el himno argentino en cada partido del Mundial pensará en Mía y en todo lo que luchó en este último tiempo.

"Mi hija me enseñó que todo se puede, a saber que lo más difícil a veces se puede convertir en algo fácil, en que el esfuerzo de uno puede tener recompensa, me enseñó a saber sufrir y a saber aguantar el dolor, a ser más fuerte. Todo esto que me transmitió me ayudó a hacer un año espectacular. Se lo debo a ella y a mi mujer, que son las que siempre están a mi lado y siempre apuestan por mí", le contaba Di María al diario Marca, días después de consagrarse campeón de la Champions League con Real Madrid y con él como la gran figura de la goleada en el alargue ante Atlético Madrid.



¿Qué pasó aquel 22 de abril de 2013? Jorgelina empezó a perder líquido, pese a que el embarazo llevaba seis meses de gestación, y la llevaron al hospital. Los médicos encargaron de urgencia una cesárea. Había 70 por ciento de posibilidades de que no sobreviviera. Pero Mía, con el ímpetu que su padre muestra en la cancha, luchó y lo consiguió. Estuvo dos meses internada. Eran esos días en los que Angelito y su mujer iban dos veces a sólo ver a su hija. De día y luego de noche para desearle buenas noches.

"No fue fácil, pero había que luchar para seguir adelante. Pasamos allí más de dos meses, siempre estábamos con los mismos padres, el dolor te une ahí adentro, te hace más fuerte, y tuvimos muy buena relación con todos los papás que tenían bebés ahí dentro. Mi mujer sigue hablando con ellos también en un grupo de whatsapp. Hablan, se mandan fotos de todos los bebés, hicimos una gran amistad", recuerda Di María. Cuando hace casi dos meses Mía cumplió un año, decidieron invitar a los otros niños que por entonces estuvieron internados en el hospital luchando codo a codo para vivir.