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La droga del coraje usada por terroristas
Se llama Captagon y contiene sustancias para inhibir el dolor y la sensación de miedo. El principal productor mundial es Siria. Los detalles siniestros
19 de noviembre de 2015
La temeridad de los atacantes en los atentados en París y su persecución permitió descubrir detalles siniestros de un mundo de terror que parece haber llegado para quedarse.
Los autores de los atentados en París pudieron haber estado bajo el efecto de Captagon, una anfetamina difundida en Medio Oriente y hallada en la sangre de otros atacantes suicidas del Estado Islámico.

Así lo escribió la prensa francesa en base al hallazgo de algunas jeringas en las habitaciones usadas como base de los terroristas, en un hotel y un departamento en los suburbios de París.

“Algunas jeringas, conteniendo esta sustancia, fueron halladas en varios lugares donde vivió Salah Abdeslam, un miembro de los comandos que cometieron los ataques del 13 de noviembre, y en las casas de algunos cómplices”, afirmó el sitio de la revista Le Point.

El Captagon contiene la anfetamina fenetillina a menudo mezclada en cafeína, y estaba en la sangre de Seifeddine Rezgui, uno de los autores del atentado sobre la playa en Túnez del 26 de junio pasado, donde murieron 39 personas.

“Como todas las otras anfetaminas, esta droga aumenta la resistencia al cansancio y la atención, además de causar una pérdida del juicio. Da la impresión a quien la consume de ser omnipotente, una especie de ‘rey del mundo’”, señaló a Ciencia y Futuro Jean-Pol Tassin, un neurobiólogo del Instituto Nacional de la Salud e Investigación Sanitaria.

Además inhibe el dolor y la sensación de miedo. El Captagon, cuya dosis puede costar entre 5 y 20 dólares, nació inicialmente para ser usada por los jóvenes de familias ricas de las monarquía del Golfo Pérsico.

Pero desde un tiempo encontró un nuevo y enorme mercado en Siria, hasta el punto de que ese país se ha convertido en su primer productor, y los milicianos embarcados en la guerra santa, en sus principales consumidores. Los yihadistas que viven ocultos en Europa, como los que atacaron el viernes en París, además consumen otro tipo de drogas más comunes como marihuana y toman alcohol, algo prohibido por el islam.

Es más, el Estado Islámico puede llegar a condenar a muerte a una personas que consume alcohol.

En el bar “Les Béguines”, en Molenbeek, Bélgica, los hermanos Brahim y Salah Abdeslam que particparon el viernes en los atentado de París, reza un cartel en la puerta: “Cerrado por consumo de sustancias alucinógenas prohibidas”.

Allí los hermanos, al parecer dueños del local, “bebían Jupiler”, cerveza popular belga, lejos de las reglas salafistas, sin despertar una atención particular de la policía.

Pero los efluvios de cannabis terminaron por llamar la atención de la policía: a mediados de agosto, cuando los agentes se presentaron en el bar, en la planta baja de un pequeño edificio de ladrillos rojos, descubrieron “numerosos ceniceros, algunos con porros parcialmente consumidos”, según el acta administrativa del cierre, sellada en la puerta el 5 de noviembre.

Desde entonces, los vecinos no escucharon hablar más de ellos. Hasta el sábado por la tarde, al día siguiente de los ataques de París en los que Brahim, de 31 años, dueño del bar, se hizo estallar en el Boulevard Voltaire.