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Nadie se explica el suicidio de Blaquier
Planificó hasta el último detalle antes de dispararse en la cabeza con una escopeta en la habitación de un hotel. Dicen que no tenía problema alguno
21 de febrero de 2016
El misterio envuelve el suicidio del empresario Martín Juan Blaquier en una habitación del Sheraton de Pilar.

Nadie se explica los por qué de semejante decisión y su primo hermano y gran amigo, Miguel Blaquier, garantizó que no tenía problemas económicos, personales y de ningún otro tipo que puedieran vincularse con su muerte. Los peritajes ratificaron que el sobrino de Carlos Pedro Blaquier, fundador del ingenio Ledesma, se disparó con una escopeta.

Blaquier, de 57 años, había sido abuelo por primera vez en noviembre -su hija que vive en Nueva York dio a luz a un bebé que bautizó Argentino, y también era padre de dos varones.

La reconstrucción de semejante decisión indica que jueves último, temprano, había llegado desde Punta del Este junto a su mujer, Josefina Carlés, integrante muy activa de la Asociación de Amigos del Museo de Bellas Artes.

Horas después contactó a su primo hermano Gastón Blaquier y le dijo que planeaba salir en nuevo viaje, esta vez para ir a cazar patos.

Le pidió prestada su escopeta semiautomática marca Benelli modelo UAB 750 calibre 12/70. No era un pedido habitual, así que tuvo que insistir un poco y poner empeño para que su supuesto deseo resultara creíble. A las 17:00 hizo el check in en el hotel ubicado en el kilómetro 49,5 del ramal Pilar de la Panamericana. No mintió sobre su identidad. E incluso puso como domicilio el de su departamento de la calle Guido, en Recoleta. Después de pagar con tarjeta de crédito, subió al primer piso y entró en la habitación 155.

Estaba vestido de sport, con zapatillas, y llevaba un bolso deportivo diferente al que cargaba habitualmente como asiduo jugador del circuito de veteranos de tenis. Este era algo más largo, parecido a los que se usan para transportar palos de golf, otro deporte que practicaba. Como fuera, no llamó la atención a nadie.

Ya en la habitación, Blaquier se sentó a escribir. Tres notas en prolija letra mayúscula, sin un solo signo de puntuación, a cuyo contenido tuvo acceso el sitio Infobae. Eran párrafos de unas seis o siete líneas. Uno de ellos buscó evitarle inconvenientes al dueño del arma que tenía en su poder:

"La escopeta es de mi primo, Gastón Blaquier, y hoy lo engañé y le insistí en que me la diera con la excusa de que me iba a cazar patos. No tiene nada que ver y le pido perdón por mentirle tan feo".

En otro de los textos, dejó una instrucción clara: "Por favor, que mi mujer Josefina sólo se entere por mi mejor amigo, Miguel Blaquier". Y añadió el número de teléfono de ese otro primo hermano, asegurándose de que quien lo hallara sin vida se comunicara con él antes que con nadie. Acaso ese pedido escrito en la hoja de un anotador del hotel no le resultó suficiente para estar seguro de que su deseo se cumpliera. Además, le envió a Miguel un mensaje de texto desde su celular:

"Mike, por favor cuidá a Josefina. Estoy en el Sheraton de PIlar".

Su primo le contestó enseguida. Habían estado juntos una semana atrás en San Martín de los Andes. Ahora, no se explicaba qué hacía Martín Blaquier en el Sheraton. Se lo preguntó con otro sms. No hubo respuesta. Lo llamó y tampoco.

Miguel se fue enseguida hasta el hotel. Desde la recepción, llamó a su primo a la habitación. Terminaron forzando la puerta y encontrando el peor final.

Aparentemente, aquel desesperado pedido telefónico fue la última señal que dejó Martín Juan Blaquier antes de su acto final. Cuando dejó el teléfono, se sentó en una silla, apoyó el caño de la escopeta bajo su mentón y se mató.