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La CIA contrató a la mafia para envenenar a Fidel en 1960
El organismo de inteligencia desclasificó documentos que lo comprueban. Ofreció 150.000 dólares para que maten al líder cubano. Conozca los detalles
27 de junio de 2007
La CIA ofreció 150.000 dólares a dos miembros de la mafia en Estados Unidos en el año 1960 para que mataran al líder cubano Fidel Castro con pastillas envenenadas, en "una acción tipo gángster", según los detalles de un memorando de 1973 desclasificado ayer por la agencia.

El intento de asesinato se encuentra descrito en los documentos conocidos como "Joyas de la familia", que revelan, entre otras operaciones polémicas de aquella época, también el espionaje a periodistas y opositores e intentos de secuestro.

De acuerdo con uno de los documentos, en agosto de 1960 la Agencia Central de Inteligencia (CIA) reclutó al ex agente del FBI Robert Maheu, un alto asesor del millonario Howard Hughes en Las Vegas, para que se contactara con el jefe mafioso Johnny Roselli.

La tarea de Maheu era hacerse pasar por representante de una corporación internacional que deseaba el asesinato de Castro. A Roselli se le dejó "claro que el gobierno de Estados Unidos no estaba, ni debería estar, al tanto de la operación", se indica en los informes.

Roselli presentó a Maheu a dos mafiosos, "Sam Gold", en realidad Momo Giancana, sucesor de Al Capone en Chicago, y a "Joe", quien era Santos Trafficant, otro célebre gángster.

El capo aseguró que "no quería dinero a cambio de su intervención y creía que Sam haría lo mismo. Ninguno de los dos individuos recibió dinero de fondos de la Agencia", explican los documentos.

La CIA les dio a los delincuentes seis píldoras envenenadas. Durante varios meses, los mafiosos intentaron, de manera infructuosa, que alguien le pusiera el veneno en la comida de Castro.

El complot fue abandonado luego del intento de invasión de Bahía de Cochinos en 1961. Sin embargo, de acuerdo con los documentos, hubo otros intentos de asesinato contra Castro, quien afirma haber sorteado 600 complots estadounidenses contra su vida.

Otra actividad que revelan los documentos es el confinamiento, en una celda especialmente construida, sin otro objeto que una cama, de un defector de la KGB, Yuri Ivanovich Nosenko, entre agosto de 1965 y octubre de 1967.

Asimismo, se enumera el seguimiento de supuestos disidentes y el espionaje a dos periodistas en Washington de los que se sospechaba que podrían estar difundiendo información clasificada recibida de "una serie de fuentes del gobierno y del Congreso", entre marzo y junio de 1963.

También se ofrecen detalles sobre experimentos con drogas como el LSD, en los cuales se usaron como involuntarios cobayos a ciudadanos norteamericanos; el espionaje de activistas por los derechos civiles y contrarios a la guerra de Vietnam; la apertura de correspondencia enviada de Estados Unidos a China y la Unión Soviética; y el ingreso ilegal a viviendas de ex empleados de la CIA, y de otras personas.

Esta serie de textos, casi 700, se escribieron hace 30 años, cuando el entonces director de la CIA, James Schlesinger, pidió a sus empleados, en una de las cartas desclasificadas ayer, que le detallaran "cualquier actividad que esté ocurriendo, o haya ocurrido, que se pueda interpretar como fuera de la carta legislativa de esta Agencia".

Según Tom Blanton, director de los Archivos de Seguridad Nacional -un organismo dependiente de la Universidad George Washington y especializado en la investigación de documentos desclasificados-, los papeles resultantes de esa orden son "el equivalente de los funcionarios de la CIA yendo al confesionario a pedir perdón por sus pecados".

El director de la CIA, el general Michael Hayden, había adelantado la semana pasada que la Agencia desclasificaría los documentos. Las llamadas "Joyas de la familia" ofrecen un vistazo a "unos tiempos muy distintos y una agencia muy distinta", explicó Hayden, al reconocer que cuando el gobierno oculta información las conjeturas suelen "llenar el vacío de información".