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Súper retro: vuelve el "Rasti"
Un fabricante de juguetes local compró las matrices del juego de armar que marcó los años 70 y lo relanzará en la Argentina. Nostalgia entre los mayores de 30
27 de junio de 2007
Muchos mayores de 30 sufrirán este miércoles un golpe de nostalgia. Es que, a casi tres décadas de su desaparición, será relanzado el Rasti.

El Rasti es un juego de piezas plásticas de diseño alemán que surgió en 1970, fabricado en la Argentina por Knittax, los mismos de las máquinas de tejer.

Cuando irrumpió en las jugueterías, tuvo que vérselas con Mis Ladrillos, la marca líder desde la década anterior.

El truco de los Rasti para disputar ese liderazgo fueron sus piezas de plástico flexible, que no se rompían con las caídas y pisotones.

Además, los botones de cada bloquecito podían deformarse ligeramente hasta producir el "click" del encastre y volver luego a su forma original: una vez juntadas las piezas, no se movían.

Pero a partir de la apertura comercial y el dólar barato de fines de los 70, el Rasti se dejó de fabricar en el país y comenzó a importarse desde Brasil, aunque ya los componentes mostraban cierta declinación de calidad.

Eran los años de remeras brasileñas y jeans de Estados Unidos, y en las fiestas de cumpleaños de escuela primaria comenzó a aparecer cada vez más Lego y menos Rasti y Mis Ladrillos.

Finalmente, las matrices de los Rasti fueron a parar a un depósito de Hering, en la ciudad brasileña de Blumenau. Pero el rastro no se perdió completamente: una familia de jugueteros argentinos, los Dimare, localizaron en 2002 el depósito y tres años después viajaron a Santa Catarina para negociar la compra de las matrices.

El asunto se lo tomaron tan en serio que lo bautizaron "Operación Rescate" y convocaron a diseñadores para armar las nuevas cajas, de 500 y 1.000 piezas.

Internet jugó a favor de la permanencia de fans de este juego artesanal, ya que en Europa el Rasti se sigue produciendo y los clubes Rasti se fueron multiplicando a través de la Web.

El relanzamiento de este miércoles, en la Cámara del Juguete, en el barrio de Constitución, quizás opere como un puente entre generaciones, tan irrompible como aquellas piezas de plástico flexible.