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Máxima habló de más y despertó polémica en Holanda
La princesa negó que exista una identidad única holandesa. Su comentario llega en un momento en que hay gran preocupación por la inmigración musulmana
16 de octubre de 2007
La argentina Máxima Zorreguieta, princesa de los Países Bajos, dejó perplejos a los periodistas de ese país al negar en un discurso ante el Consejo Científico de Política Gubernamental (VRR) que exista una identidad única holandesa. "Hace unos siete años comencé a buscar la identidad holandesa (...) Pero no la encontré. (...) Holanda es tan multifacética que es imposible reducirla a un único estereotipo. El holandés no existe", dijo Máxima hace unas semanas.

Casada desde hace cinco años con Guillermo Alejandro de Orange-Nassau, príncipe heredero de la corona holandesa, Máxima goza de una muy buena imagen. De 36 años, madre de tres hijas, destaca por salirse ligeramente del protocolo con su espontaneidad y su simpatía, cualidades que la prensa europea atribuye a su "temperamento" argentino. Pero sus opiniones sobre la identidad holandesa, uno de los temas más sensibles en un país preocupado por la inmigración musulmana, la dejó mal parada incluso entre los defensores de la monarquía.

"La princesa es la típica cosmopolita joven perteneciente a los altos círculos sociales, que puede trabajar y vivir en cualquier parte", destacó Michiel Zonnevylle, presidente del Bond der Oranjievereinigung, una suerte de asociación de admiradores de la Casa Real. Zonnevylle le achacó no conocer a fondo a la sociedad holandesa y le recomendó "hablar más con la gente normal".

Según Radio Nederland, otra de las críticas fuertes provino de Paul Scheffer. "La princesa cuenta que frente a su casa hay un poste en el que se indican las distancias hasta las ciudades que son parte de su identidad, como Buenos Aires, Nueva York, Bruselas, La Haya y Wagenaar", dijo Scheffer. "Pero -agregó- la gran mayoría de los holandeses tienen lazos estrechos con lugares específicos."

"Máxima cree que la identidad se puede manipular. Como si el pasado y la historia de un país pudieran borrarse, y la mayoría tuviera que renunciar a su identidad para facilitar la adaptación de una minoría", escribió el diario Trouw. El Telegraaf destacó por su parte que el premier Jan Peter Balkenende (que conocía el discurso con anterioridad) no debería haber dejado que Máxima lo diera.

Es la primera vez que la princesa se mete en el pantanoso terreno de la política, y lo hace justamente mientras en Holanda se debate si se debe permitir o no la doble nacionalidad a los inmigrantes. Antiguamente considerada un modelo de multiculturalismo, la sociedad holandesa se polarizó sobre todo después de los asesinatos del ultraderechista Pim Fortuyn en 2002 y del cineasta Theo van Gogh en 2004. La ley exige a los extranjeros demostrar sus conocimientos de la lengua y reconocer, por ejemplo, su respeto a la democracia.