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Por Garbiela Granata
Las sumas y restas del poder
29 de octubre de 2007
Cristina Fernández tuvo varios mensajes en el amplio resultado que la colocó como la primera presidenta electa de la Argentina. La ventaja de veinte puntos que obtuvo sobre su seguidora la colocó con fuerza en el lugar de comandar el país, pero tendrá a su frente a una oposición dispuesta a batallar por ocupar la supremacía.

Cristina llegó a la candidatura presidencial mimada por un gobierno que recibió pura sonrisa en materia económica, pero que mostró costados de debilidad para congraciarse con la clase media, que oscila entre los votos de confianza y de censura. Se entiende que en los grandes centros urbanos haya vuelto a optar por darle un poco de poder a la oposición sin poner en peligro la continuidad del kirchnerismo.

Tal vez en el desdén con que el Gobierno nacional trató el filoso tema de la inflación y la reacia actitud de diálogo más allá de la máscara de la Concertación, puedan haber perforado el apoyo de una clase media que recompuso su bolsillo y demanda derechos de segundo grado

La indomable provincia de Buenos Aires expuso sus clásicos para sostener el poder, pero dio sorpresas. Las intendencias que cambiaron de mano fueron además el principal soporte para una ventaja superior a la nacional para consagrar como gobernador a Daniel Scioli, un dirigente sui generis para la provincia de Buenos Aires... aunque acompañado por un hombre del conurbano, ex intendente con poder sostenido en La Matanza, Alberto Balestrini, quien tendría un rol fundamental para adminsitrar los recursos de la Nación.

En la provincia de Buenos Aires se amontonaron los votos que entronizaron a Cristina, pero también es el centro de las miradas para los próximos cuatro años para quienes auguran una fractura expuesta que coloque a Scioli y a los Kirchner en veredas distintas. ¿Será eso posible?

La oposición tiene en tanto una cuenta pendiente. Sigue siendo un lugar para depositar la confianza de control, pero no supo alcanzar un espacio de mayorías y el oficialismo tendrá amplio dominio de las dos cámaras legislativas nacionales.

Elisa Carrió, Roberto Lavagna y el propio Mauricio Macri, electo jefe de gobierno porteño con pobre actuación en el distrito que ganó, tienen el desafío de construcciones sólidos y permanentes para dar opciones de gobierno para someter a la ciudadanía.

El Gobierno nacional tendrá sus propia lista de deberes. Además de gobernar la Nación prometió una calidad institucional que podría comenzar por un diálogo formal con las fuerzas políticas para discutir un proycto de país a largo plazo, con las cargas que la ciudadanía depositó en cada uno.
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