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Por Garbiela Granata
La hora de empezar a jugar de nuevo
4 de febrero de 2008
La sorprendente jugada de Néstor Kirchner de captar en su juego a Roberto Lavagna confirma que el ex presidente no quiere ser un invitado de lujo en la etapa política que se avecina y que está dispuesto a avanzar sobre los lábiles límites del peronismo pero montado sobre la estructura formal del Partido Justicialista.

Kirchner tuvo el tino de desdeñar la estructura formal del PJ mientras pudo controlar en persona a los hombres fuertes del partido desde la Casa Rosada. El traslado de su centro formal de poder plasmó el nuevo desafío de sujetar con la misma mano firme a los indomables hombres del justicialismo con poder real para forzar hasta el límite su control.

El acuerdo con Lavagna no sólo sorprendió sino que desacomodó a una oposición adormecida bajo los efectos estivales post electorales.

Elisa Carrió desempolvó su prédica de que es la "única oposición" real en la búsqueda de captar heridos post acuerdistas, pero el daño real estará tal vez en una nueva descomposición -¿vaporización?- del radicalismo, golpeado y vuelto a golpear sobre la herida.

El kirchnerismo se ubicó rápidamente en el nuevo escenario capturando no sólo el centro de la escena sino también el cartel de "centroprogresismo" y ubicó todo lo que está fuera de ese universo en la "derecha" donde conivirían Carrió, Mauricio Macri y cualquier otro que no acepte la profesión de "fe y amplitud" kirchnerista.

Kirchner ha demostrado ser un eficaz constructor de identidad y poder, y un tenaz deconstructor del pensamiento opositor. Algo para aprender si en algún sector están pensando seriamente en conformar una alternativa de poder y no sólo engordar algunos puntos porecentuales en el próximo comicio.